Alquimia Tras La Piedra Filosofal Epub To Mobi

Dona Ternasky <[email protected]> Fri, 1 Dec 2023 15:15:01 -0800 (PST)
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Y es, precisamente, de esta riqueza de la alquimia de la que deriva su impo=
rtancia, no siempre reconocida, en la historia de la ciencia y el pensamien=
to humanos y su trascendencia misma como objeto de estudio, pues de cada un=
a de las corrientes citadas nacer=C3=ADa, al correr de los siglos, una rama=
 de la ciencia o la filosof=C3=ADa modernas.
 La alquimia de los medicamentos, llamada tambi=C3=A9n espagiria, terminar=
=C3=ADa por dar lugar a la qu=C3=ADmica farmac=C3=A9utica o iatroqu=C3=ADmi=
ca. La alquimia de los metales se transformar=C3=ADa con el tiempo en qu=C3=
=ADmica experimental. Y la alquimia espiritual alimentar=C3=ADa, de alg=C3=
=BAn modo, el inter=C3=A9s de toda una escuela psiqui=C3=A1trica que, con e=
l conocido m=C3=A9dico y ensayista suizo del siglo XX, Carl Gustav Jung, fu=
ndador de la denominada Psicolog=C3=ADa Anal=C3=ADtica, a la cabeza, se pre=
ocupar=C3=ADa por la existencia del inconsciente colectivo y la forma en qu=
e se manifiesta en los individuos entregados a las pr=C3=A1cticas de esta =
=C3=ADndole.

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2. El trabajo del alquimista
 Ya sabemos, a grandes rasgos, en qu=C3=A9 consist=C3=ADa la verdadera alqu=
imia, pero ignoramos a=C3=BAn de qu=C3=A9 modo se desarrollaba el trabajo d=
e los alquimistas. Para descubrirlo, no tenemos m=C3=A1s opci=C3=B3n que tr=
aspasar las misteriosas puertas del laboratorio y desvelar las tareas en la=
s que en =C3=A9l se afanaban d=C3=ADa y noche sus propietarios. Su meta la =
hemos trazado ya: siempre el polvo de proyecci=C3=B3n o piedra filosofal; m=
uchas veces, el oro potable o elixir de la vida, y en ocasiones incluso la =
creaci=C3=B3n de hom=C3=BAnculos, pero detr=C3=A1s de todo ello, y como aut=
=C3=A9ntica finalidad de sus desvelos, el conocimiento absoluto sobre la ve=
rdadera naturaleza del mundo y el perfeccionamiento de sus propias almas mo=
rtales. Mas de qu=C3=A9 forma trabajaban para alcanzar esta ambiciosa meta?=
 En qu=C3=A9 consist=C3=ADan las tareas de un verdadero alquimista?
 Para entenderlo, debemos primero recordar que, como dec=C3=ADamos m=C3=A1s=
 arriba, la alquimia no es solo una realidad pr=C3=A1ctica que empieza y te=
rmina en un conjunto coherente de t=C3=A9cnicas experimentales, sino tambi=
=C3=A9n una concepci=C3=B3n omnicomprensiva del mundo, una cosmovisi=C3=B3n=
 o, como dir=C3=ADan los alemanes, una weltanschauung, una verdadera actitu=
d ante la vida.

Respecto al horno, el alquimista sol=C3=ADa valerse de un modelo especial c=
onocido habitualmente por el nombre de atanor. El atanor no era sino un hor=
no de forma cuadrada o rectangular cuyas paredes, de tres o cuatro cent=C3=
=ADmetros de espesor, hab=C3=ADan de construirse con ladrillos refractarios=
 de arcilla o arena, capaces de resistir, sin agrietarse, altas temperatura=
s. Dicha estructura se comunicaba despu=C3=A9s mediante un tubo con una tor=
re pr=C3=B3xima destinada a contener el carb=C3=B3n que, al quemarse, trans=
mit=C3=ADa el calor al horno. Una peque=C3=B1a piedra de cristal, que hab=
=C3=ADa de servir para comprobar los cambios en el color de las sustancias =
a lo largo del proceso, completaba el atanor que deb=C3=ADa ser construido =
por el propio alquimista siguiendo unas estrictas proporciones de arena, ar=
cilla y cal, mezcladas con agua, para fabricar los ladrillos. En cualquier =
caso, sin un buen horno la tarea del adepto no era posible, de ah=C3=AD que=
 los tratados de alquimia le dediquen tanta atenci=C3=B3n.

Por =C3=BAltimo, la persecuci=C3=B3n de la Gran Obra exig=C3=ADa contar con=
 los recipientes o vasos adecuados. Su forma pod=C3=ADa ser muy diversa seg=
=C3=BAn la funci=C3=B3n para la que fueran destinados, y tambi=C3=A9n lo er=
an sus nombres, a veces tan sonoros como la retorta, la cuc=C3=BArbita, la =
redoma o el matraz. Pero dos de ellos destacaban sobre los dem=C3=A1s recla=
mando el absoluto protagonismo en el laboratorio alqu=C3=ADmico: el alambiq=
ue y el huevo filosofal.
 Dise=C3=B1ado para destilar las sustancias, es decir, purificarlas, separa=
ndo de ellas sus partes vol=C3=A1tiles por medio del calor, el alambique te=
n=C3=ADa tres partes bien diferenciadas: la caldera, que serv=C3=ADa para c=
ontener y calentar la sustancia que hab=C3=ADa que destilar; el capitel, qu=
e se colocaba sobre ella para dar salida al vapor por medio de un conducto =
de forma c=C3=B3nica, y el serpent=C3=ADn, conectado con el anterior y sume=
rgido en un recipiente de agua fr=C3=ADa, en el que ese vapor se condensaba=
, convirti=C3=A9ndose de nuevo en l=C3=ADquido ya destilado y privado as=C3=
=AD de impurezas. Su forma, no obstante, vari=C3=B3 mucho a lo largo del ti=
empo con el objetivo de adaptarla mejor a las peculiares operaciones que en=
 =C3=A9l se practicaban. As=C3=AD, el denominado tribikos, que recib=C3=ADa=
 su nombre de las tres v=C3=ADas de escape con las que contaba, permit=C3=
=ADa realizar mejor una destilaci=C3=B3n fraccionada. Por el contrario, el =
conocido como pel=C3=ADcano, cuya denominaci=C3=B3n remit=C3=ADa a su evide=
nte parecido con dicho animal, fue concebido espec=C3=ADficamente para faci=
litar la cohobatio, que exig=C3=ADa sucesivas operaciones reiteradas de des=
tilaci=C3=B3n y condensaci=C3=B3n. En cualquier caso, y a pesar de estar, c=
omo el resto de los vasos, hecho de vidrio para evitar la contaminaci=C3=B3=
n que los recipientes de metal pueden causar en su contenido, el alambique =
los supera a todos porque la operaci=C3=B3n a la que sirve, la destilaci=C3=
=B3n, es el trabajo alqu=C3=ADmico por excelencia, ya que la alquimia no tr=
ata, en =C3=BAltima instancia, sino de purificar al m=C3=A1ximo las sustanc=
ias para extraer de ellas la materia primigenia, y es la destilaci=C3=B3n, =
repetida incluso miles de veces, la operaci=C3=B3n fundamental de ese proce=
so.
 Respecto al llamado huevo filosofal o vaso secreto, se trataba de una espe=
cie de retorta fabricada con un vidrio muy resistente, lo bastante para sop=
ortar las fuertes presiones que generaban en su interior, herm=C3=A9ticamen=
te cerrado, las altas temperaturas a las que se somet=C3=ADa, pero tambi=C3=
=A9n transparente, pues el alquimista deb=C3=ADa comprobar, a cada instante=
, que el color de la sustancia con la que operaba iba pasando del negro al =
blanco y luego al rojo, demostrando as=C3=AD que se produc=C3=ADan en ella =
los cambios necesarios para el =C3=A9xito de la Gran Obra. En cuanto a la f=
orma, su explicaci=C3=B3n era m=C3=A1s bien simb=C3=B3lica, pues su aspecto=
 ovoide alud=C3=ADa al huevo c=C3=B3smico del que hab=C3=ADa nacido el univ=
erso y cuya influencia astral se requer=C3=ADa para llevar a t=C3=A9rmino l=
a ambiciosa tarea del alquimista.



1. Un vocablo de oscuras ra=C3=ADces
 Dicta la tradici=C3=B3n que el estudio de una disciplina, sea o no hist=C3=
=B3rico, comience por el an=C3=A1lisis etimol=C3=B3gico del vocablo del que=
 nos servimos para denominarla. Sin embargo, la alquimia, como una mujer en=
 exceso pudorosa, se muestra esquiva a nuestros deseos desde el momento mis=
mo en el que tratamos de conocer su nombre, cuyos or=C3=ADgenes permanecen =
envueltos en el mismo halo de misterio que circunda todo cuanto se relacion=
a con el antiqu=C3=ADsimo arte sagrado. Quiz=C3=A1 por ello se echa de meno=
s un m=C3=ADnimo consenso entre sus estudiosos a la hora de determinar su e=
timolog=C3=ADa. La mayor=C3=ADa, es cierto, aceptan sin mayor dificultad qu=
e la palabra es de origen =C3=A1rabe y procede del t=C3=A9rmino al-kimia, d=
el que proviene, asimismo, nuestro vocablo qu=C3=ADmica. Pero los problemas=
 comienzan cuando se trata de discernir en qu=C3=A9 se basaron los musulman=
es, que recibieron la alquimia, como sabemos, de la tradici=C3=B3n greco-eg=
ipcia, para denominar as=C3=AD a la misteriosa disciplina que adoptar=C3=AD=
an, desde entonces, como una rama m=C3=A1s, si no la m=C3=A1s importante, d=
el conocimiento de la naturaleza.
 Para muchos autores, kimia provendr=C3=ADa directamente de kemt o kemet, q=
ue significa, literalmente, tierra negra, y es el nombre que los antiguos e=
gipcios daban a su propio pa=C3=ADs para resaltar la fertilidad del oscuro =
terreno aluvial regado por el Nilo, frente a la total esterilidad del blanc=
o desierto que lo rodeaba. De ser esto cierto, alquimia significar=C3=ADa, =
sin m=C3=A1s, arte egipcio o, de forma m=C3=A1s po=C3=A9tica, el arte del p=
a=C3=ADs de la tierra negra.
 No obstante, esta interpretaci=C3=B3n, aunque resulta no solo atractiva, s=
ino tambi=C3=A9n plausible a la luz de nuestros conocimientos sobre el orig=
en greco-egipcio de la alquimia musulmana, no contenta a todos los estudios=
os. No falta entre ellos quien, recordando el papel fundamental que juega l=
a leyenda en la tradici=C3=B3n alqu=C3=ADmica, prefiere remontar el origen =
de la palabra que la denomina al nombre de alg=C3=BAn personaje legendario.=
 Para unos ese personaje ser=C3=ADa nada menos que Cam, hijo de No=C3=A9, s=
uperviviente del Diluvio Universal, a quien la tradici=C3=B3n ten=C3=ADa po=
r el primer artesano. Esta interpretaci=C3=B3n ser=C3=ADa coherente con el =
significado de la palabra hebrea chaman, que puede traducirse por misterio,=
 un rasgo sin duda inseparable de las pr=C3=A1cticas alqu=C3=ADmicas al cor=
rer de los siglos, e incluso con la del vocablo tambi=C3=A9n hebreo kemes, =
que quiere decir sol, un astro de indiscutible protagonismo en las tareas d=
e los adeptos al arte sacro. Para otros, sin embargo, el legendario fundado=
r al que la alquimia debe su nombre ser=C3=ADa m=C3=A1s bien Ca=C3=ADn, hij=
o de Ad=C3=A1n y Eva y paradigma del hombre que se opone a los designios de=
 Dios. Y aun hay quien, discrepando de los anteriores, sostiene que el arte=
 sacro debe su nombre a Alchimus, un antiguo profeta jud=C3=ADo, o, de acue=
rdo con otras versiones, un rey mitol=C3=B3gico que, seg=C3=BAn se narra en=
 algunos textos alqu=C3=ADmicos del siglo XIII, habr=C3=ADa traducido del h=
ebreo al lat=C3=ADn el cuerpo fundamental del arte sagrado en una fecha tan=
 remota como indefinida.
 En otros casos, m=C3=A1s atentos tambi=C3=A9n a la leyenda que a la histor=
ia, el vocablo se hace derivar del nombre no de un personaje, sino de un li=
bro. As=C3=AD sucede, por ejemplo, con el alquimista Z=C3=B3simo de Pan=C3=
=B3polis, quien, en el siglo IV de nuestra era, se mostraba convencido de q=
ue la palabra alquimia proven=C3=ADa de Chemia, el t=C3=ADtulo del m=C3=ADt=
ico tratado sobre el conocimiento secreto de la naturaleza que los =C3=A1ng=
eles ca=C3=ADdos, de los que habla el G=C3=A9nesis, regalaron a las hijas d=
e los hombres, quiz=C3=A1 como agradecimiento por haber cedido, seg=C3=BAn =
cuenta el primer libro de la Biblia, a sus apetitos carnales.
 No falta, por =C3=BAltimo, quien defiende que la palabra posee su origen e=
n la lengua griega o en otro idioma, en todo caso, distinto del egipcio. Al=
quimia provendr=C3=ADa, para algunos de estos autores, de khemeia, vocablo =
griego derivado, a su vez, de khumus, que se usaba para denominar la savia =
o el jugo de las plantas, por lo que vendr=C3=ADa a significar arte de extr=
aer jugos. Si en lugar de una planta, la esencia o jugo extra=C3=ADdo fuera=
 el de un metal, la palabra khemeia podr=C3=ADa tambi=C3=A9n relacionarse c=
on metalurgia, y en tal sentido parece apuntar otra posible etimolog=C3=ADa=
 que hace derivar el vocablo que nos ocupa del verbo griego chyma, que sign=
ifica precisamente fundir. Para otros, sin embargo, el vocablo remite, con =
toda claridad, al nombre de una cultura que habitaba las riberas del mar Ne=
gro varios milenios antes de nuestra era, la de los cimerios o cimbrios, a =
quienes, entre otros pueblos, cabe atribuir el descubrimiento de la metalur=
gia del hierro, un trabajo directamente relacionado con los or=C3=ADgenes d=
e la alquimia.
 Sea como fuere, lo cierto es que no existe un consenso acerca de las ra=C3=
=ADces ciertas de la palabra. No debe sorprendernos. Los mismos alquimistas=
 trataron siempre de ocultar, confundir o disfrazar la verdadera naturaleza=
 de su arte, que quisieron mantener a salvo de la influencia, que ellos ent=
end=C3=ADan corruptora, de cualquier individuo ajeno a su disciplina. Quiz=
=C3=A1 por ello pudo la alquimia no solo sobrevivir, sino permanecer casi i=
ntacta durante milenios, proporcionando materia de trabajo a los estudiosos=
 que a ella se acercan. Pero lo hizo al coste, eso s=C3=AD, de imponerles u=
na labor complej=C3=ADsima de descifrado e interpretaci=C3=B3n de unos docu=
mentos muchas veces escasos, y siempre abiertos a muy variadas y contradict=
orias interpretaciones.
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