[L-I] Polemica por Dia de la Raza continua con nuevos testimonios y opiniones

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Sigue la Controversia sobre el Dia de la Raza en la  NAC&POP 

 

1.Gentileza de Enrique hopman 
Dia De La Raza Controversia Nac&Pop 
 

Mi discrepancia:

 

No es invento de nadie la conquista a sangre y fuego de Tenochtitlán, o de Cuzco, ni tampoco la sangría bicentenaria del Cerro de la Plata en Potosí (cuantos murieron alli?, 4 millones?). 

 

Alguna vez visitaron las ruinas de los indios Quilmes, en nuestra Tucumán?. ¿Que derecho se arrogaban los españoles de Aragón y Castilla para usurpar estos territorios?. 

 

No olvidar que en nombre de la religión habían creado la Santa Inquisición: o eras cristiano o nada...!. 

 

En fin los sajones no eran mejores, y tambien exterminaron, a su manera a las culturas de Norte América. Acá no hay excusas: Europa saqueó al continente americano, y así se enriqueció y fomentó sus vicios...

 
Enrique Hopman 
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2. Compañeros de Nac&Pop 
 

No quiero desacreditar lo que dice Luciano Reggi sobre la   Historia Negra de la conquista española, que algo hay de eso. 

 

Comparto, ademas, su opinion que a esta altura de la historia somos mayoritariamente mestizos. Sin embargo, no esta demas recordar que la cruz fue impuesta, en forma cruenta, por la fiebre del oro a través de la espada despiadada (recordemos la muerte de Atahualpa) de Pizarro y sus seguidores. 

 

Recordemos los miles de indigenas que murieron esclavizados en las minas de Potosi y en las econmiendas; todo ello a costa de la violenta supresión de la notable visión religiosa del mundo andino que, por cierto, al igual que las mayoría de las etnias que fueron practicamente suprimidas, tenian una desarrollada conciencia acerca de lo sagrado de la vida y de su extensión en los ciclos de la naturaleza. 

 

Ese genocidio cultural en el que -por ejemplo en nuestro país y de la mano de militares y curas por igual-, desaparecieron los Omaguacas, los Quilmes, los Lules, los Comechingones, los Pampas, los Tehuelches y los Onas, no debe ser olvidado Nunca Mas.

 

Saludos de 
Pedro Raul Noro 
Periodista 

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3.Aportes al significado del 12 de Octubre - Día de la Raza 
Instituto Madre del Divino Pastor

Pilar - Septiembre de 2003 

 
El 12 de Octubre y los desafíos 
 
Exposición a cargo del Lic. Martín Crespo 
 

Preguntarnos por la significación del Encuentro apunta a algo más vasto que proponernos historiarlo. Si este acontecimiento sigue generando polémicas y desencuentros no es tanto por la carencia de fuentes, documentación, investigaciones o desconocimiento de los hechos, ya que se trata del encuentro entre civilizaciones y culturas más documentado que se haya conocido [1], sino por su significación, es decir su sentido.

 

Esta lucha por la significación tiene su origen en la persistente presencia de algo que como todo lo que no se resuelve en la historia de los pueblos vuelve agrandado: nuestra identidad. Aunque muchos teóricos consideren que en la actual sociedad pluralista y sin sujeto de la pos-modernidad hablar de identidad colectiva es un anacronismo que nos retrotrae a un pasado autoritario, antidemocrático, etc. [2], la identidad cultural  mantiene un lugar privilegiado por encima de las ideologías, el Estado y los mecanismos funcionales como la democracia y el mercado, en la integración y el sentido de la sociedad.

 

La autoconciencia de nuestra identidad como problema reconoce dos hitos históricos: el primero es la creación del Estado-nación por nace de una elite inspirada en la filosofía de la Ilustración, lo que supuso una profunda ruptura entre la cultura de los dirigentes y la cultura popular. La antinomia sarmientina Civilización o barbarie es la expresión y a la vez la inspiradora de esa generación en toda Latinoamérica. El segundo es la actual globalización o mundialización que pone a todas las identidades culturales del planeta en la encrucijada de recrearse o desaparecer. 

 

Al primero respondió toda una generación de latinoamericanistas de principios del ‘900 [3] que terminan influyendo en los movimientos nacionales y populares (Yrigoyenismo, Peronismo, Aprismo, Cardenismo, Varguismo, etc.). Está “en veremos” quienes responderán a los actuales desafíos que se presentan a nuestra identidad.

 

Decía Juan Pablo II a los polacos en su primer viaje que un pueblo puede estar sometido políticamente, militarmente y económicamente (como Polonia bajo la URSS), pero que si pierde su cultura deja de ser pueblo. Nosotros nacimos como pueblo continental, como Patria Grande. Las gestas bolivariana y sanmartiniana hablan por sí solas. Pero las ambiciones de las oligarquías locales y el imperio de turno lograron torcer este rumbo convirtiéndonos en una veintena de países débiles. Nuestra identidad se amasó durante los tres siglos de mestizaje y evangelización que, desde el Encuentro, precedieron a la creación del Estado-nación, mucho antes que ese Estado nos insuflara el sentimiento de argentinidad, peruanidad, chilenidad, etc. [4]

 

La Celebración del V Centenario fue el acontecimiento más reciente que intentó dar una respuesta al problema de nuestra identidad ante la mundialización. Pocos comprendieron que más que una mirada reivindicatoria o condenatoria del pasado significaba una respuesta a nuestro futuro. El Estado-nación moderno gracias a la globalización y al propio agotamiento, ha dejado de expresar la síntesis de la sociedad y su cultura. El sentimiento de identidad y pertenencia que proveía desaparece junto a los nacionalismos [5]. Ahora debemos replantearnos qué es lo que dará sentido e integración a la sociedad en el futuro. Juan Pablo II, desde el discurso con el que inició el Novenario en Santo Domingo nos invitó a encontrar esas respuestas en los orígenes de nuestra subjetividad colectiva.

 

Y ese futuro ya se está prefigurando en el irrefrenable continentalismo. Las uniones aduaneras son el paso previo a la formación de grandes bloques continentales que decidirán el destino del planeta. En ese mundo adveniente preservarnos como individualidades significa la desaparición lisa y llana. 

 

La consolidación de estos bloques descansa en algo más que en una unión económica exitosa, en el mejor de los casos ese es el primer paso. El objetivo estratégico es la unión cultural y política [6]. 

 

En este aspecto los latinoamericanos corremos con algunas ventajas.

 
La historia y su sentido 
 

Dijimos al comienzo que no era la intención hacer una exposición sobre la historia sino sobre el significado del encuentro. Buscar el significado es preguntarnos por el sentido, y ello supone algunos criterios hermenéuticos.

 

En primer lugar cada época, cada etapa de la historia humana reinterpreta a las precedentes. Cada hecho, acontecimiento o realidad del pasado es enriquecido con nuevos hallazgos y permanentemente reinterpretada desde los valores y el universo simbólico del presente. Gracias a ello el pasado se reconstruye en el tiempo, sumándole nuevas perspectivas. 

 

Algunas advertencias:

a)     Nunca alcanzamos la objetividad pura, como pretendió cierto racionalismo cientificista (el objetivismo), menos cuando el objeto es el hombre y sus acciones. Entre otros motivos porque nuestro mundo de inserción presente nos condiciona. Esto exige un esfuerzo permanente en la toma de conciencia del carácter histórico de nuestro universo y de nuestro ethos para no proyectarlo en los acontecimientos pasados y lograr la mayor proximidad al “objeto en sí”. Esta objetividad no se limita a la mera enumeración y descripción de los hechos sino que intenta también encontrar el sentido que los actores del pasado dieron a sus acciones, teniendo en cuenta la advertencia de Giambatista Vico que desarrollamos más adelante.

b)     Si la realidad presente es compleja, más aún la realidad pasada. Si nos cuesta alcanzar un juicio común sobre nuestro presente, cuánto más sobre el pasado.

 

Esto es particularmente así en nuestro mundo caracterizado por la creciente fragmentación social y heterogeneidad cultural. La actual pérdida de identidad, pertenencia y sentido de vida de nuestra civilización son proyectados inconcientemente en la comprensión de nuestro pasado.

 

Por más que incrementemos nuestro conocimiento del pasado sólo sumaremos complejidad si no nos interrogamos por el sentido, concretamente sobre el sentido de la historia.

 

¿Los católicos seguimos creyendo en la existencia de un destino para la historia y las culturas humanas?. La mentalidad pluralista-relativista actual niega esta posibilidad y la considera una pretensión de gente fanática y soberbia. O como se suele decir ahora: integrista.

 

Creer en la existencia de un sentido no significa que por el hecho de tener Fe   tengamos la capacidad para develar automáticamente en la historia la acción de Dios. La forma en que Dios lleva a cabo su plan (la Historia de la Salvación) es, en su mayor parte un misterio para nosotros. Sólo tenemos la certeza de la existencia de un sentido, que Cristo es el centro del cosmos y de la historia y la capacidad de auscultar los signos de los tiempos mediante la alianza entre la Fe y la Razón.

 

Para Giambatista Vico los hombres en la historia nunca alcanzan con sus acciones lo que se proponen debido a una especie de ley que él llama heterogénesis de fines. Si no existiera Dios que permanentemente reconduce la historia al logos, la historia no tendría razón, no tendría sentido. Esto no es más que, para decirlo en términos filosóficos, desde los hombres la historia es pura contingencia pero para Dios es pura necesidad. Dios se vale de todas las acciones humanas, incluso de aquellas aparente o realmente contrarias a su plan.

En síntesis: partir del sentido trascendente de la Historia es una condición para alcanzar la mayor objetividad, porque ya no es la razón solitaria la que opera sino en síntesis con la Fe. Ambas se refuerzan mutuamente. Esta alianza es lo que nos aproxima a la Verdad.

 

En un colegio católico no podemos limitarnos a exponer los contenidos sobre el 12 de Octubre como mera descripción aséptica de los hechos, de lo bueno y lo malo, lo aprobable y lo condenable (como si se tratara de una de cal otra de arena). Con ello podremos quedar aparentemente bien con la exigencia de objetividad pero no de Verdad. 

 

La nuestra no es una visión más entre las tantas que existen sobre esta realidad pasada, porque la nuestra no nace de una ideología sino de algo real y concreto: la presencia de Cristo en la Historia. El reconocimiento de esta Presencia llega cuando nos abrimos a la realidad, sin forzar nada, sin falsear los hechos. 

 

No hace falta inventar ninguna leyenda rosa sobre el Encuentro, sino destacar esa Presencia emergiendo y dando sentido a las luces y sombras que nos acompañaron, como a toda comunidad humana, desde la formación de nuestra identidad originaria.

 

El Día de la Raza

 

En Septiembre de 1917, durante el gobierno de Yrigoyen, el Congreso aprueba la instauración del 12 de Octubre como el Día de la Raza, propuesta que rápidamente es aceptada por todos los países que conforman la Hispanidad, incluida la Madre Patria. De esa misma época es la famosa Doctrina Drago que enfrentaba y corregía la tristemente célebre Doctrina Monroe. 

 

Un sentimiento antimperialista y antinorteamericano recorría toda la hispanidad tras la anexión de la última posesión de España en nuestro continente (la península de La Florida) por parte de Norteamérica y la intervención de esta potencia en la Independencia cubana. La llamada generación del ‘98 española es la que expresó este sentimiento.

 

Al poco tiempo, casi paralelamente, surgía en latinoamérica una generación (ver nota 3) que reivindicará el ser latinoamericano frente al amenazante avance norteamericano. Hubo dos hechos que determinaron la aparición de esta encendida defensa de lo hispano-católico a comienzos del ‘900. 

 

El primero es la avalancha de misiones protestantes promovidas por el gobierno estadounidense cuyo objetivo era asimilarnos afectando el núcleo de toda cultura: la religión. Esta avanzada influirá en la decisión de la Iglesia Católica de realizar los Congresos Eucarísticos Internacionales para ponerle freno (en la Argentina fue en 1932). 

 

En 1912 Tehodoro Roosvelt, ex presidente norteamericano y protestante, visitó el sur argentino guiado por el Perito Moreno. A orillas del Nahuel Huapi, bajo la sombra de un árbol que se conservó como lugar histórico, a la pregunta de Moreno sobre -cuánto tardaría Estados Unidos en asimilar a la América Latina, Roosvelt contesta -cuando deje de ser Católica.

 

El segundo es la difusión en el mundo anglosajón y protestante de las tesis racistas inspiradas en el darwinismo y que alcanzarán su máxima expresión en el nazismo. El sociólogo norteamericano Herbert Spencer fue el primero que aplicó la tesis de la sobrevivencia del más apto para caracterizar el espíritu progresista de la sociedad norteamericana. En Inglaterra Chamberlain fue el principal exponente del racismo [7].

 

La generación de latinoamericanistas, cuya figura destacada fue José Vasconcelos (católico, filósofo y educador) asume el desafío, destacándose la obra de este mejicano titulada La Raza cósmica. En ella introduce una original idea de raza que confronta con la del racismo imperante. 

 

Se trata de una nueva raza espiritual, que surgida del mestizaje (entre el español, el indígena y el afroamericano) se abre hospitalariamente al mundo. Es una raza solidaria, humilde, acogedora, integradora y en ello residiría, en cierto sentido, su superioridad. Nada más lejano a las tesis de la sobrevivencia del más apto o la superioridad de la raza Aria. Vasconcelos fue recibido como visitante oficial durante el gobierno de Yrigoyen. 

 

El 12 de Octubre es el día en que la Reina Católica entregó a Colón, en el convento de La Rábida, la autorización para la primera expedición, que es en definitiva la que posibilitó este encuentro entre razas y culturas, y la duplicación de los pueblos pertenecientes a la cristiandad. Fue la tercera gran oleada evangelizadora de la historia. También se celebra a Nuestra Señora del Pilar porque bajo su advocación y protección zarparon los navegantes de Colón a la primera expedición. 

 

Hoy más que nunca la Iglesia ve en América Latina o Iberoamérica el Continente de la Esperanza. Ante una Europa desgastada, en donde algunos países como Francia fueron declarados tierra de misión, es decir que hay que reevangelizarlos, y en donde ya la mitad de los habitantes son musulmanes, nuestro continente está llamado a ser la “Iglesia fuente” del próximo milenio.

 

La polémica sobre el Día de la Raza no es una cuestión trivial para el anecdotario. Los católicos hemos perdido el sentido dramático y la verdadera dimensión de los desafíos del presente. Nuestro divorcio entre la Fé y la Vida, la Fe y la Cultura, la Fe y la Razón nos impiden vislumbrar en su integralidad las implicaciones de nuestra experiencia cristiana, de nuestra adhesión a Cristo y a la Iglesia. Nuestra Fe todavía no despierta a una nueva intelligentzia, a una nueva inteligibilidad sobre nuestro mundo.

 

La formación de nuestra identidad

 

El documento de Puebla afirma que nuestras culturas poseen un real sustrato católico originado en la primera evangelización y consolidado durante los cinco siglos posteriores de presencia eclesial.

 

Sin embrago tanto en círculos intelectuales como en los pastorales se ha puesto en duda esta afirmación histórico-cultural. La profundidad y la calidad de la discusión, más acalorada cuanto más cercana estaba la fecha de la Celebración del V Centenario, fue muy desigual. En vez de centrarse en los aspectos sustanciales se cayó en caracterizaciones superficiales reflejadas por ejemplo en la disputa sobre si debía hablarse de descubrimiento o encubrimiento, o si en vez de celebrar no habría que lamentar, etc. 

 

Los decibeles de la polémica, ahogada en parte por el show mediático, demuestra que éste no es un tema acabado, por el contrario nos divide profundamente a los latinoamericanos y especialmente a los católicos.

 

El Papa, al proponer el sentido de esta celebración (Discurso de Santo Domingo) no tuvo la intensión de lanzar un mero recordatorio. No estaba mirando al pasado sino al futuro. América Latina, entre otras cosas, atraviesa por una tremenda crisis cultural, social e institucional. Tenía por finalidad devolverle un fundamento y un sentido a la existencia de nuestra sociedad. No es posible lanzarnos a una nueva evangelización sin saber quiénes somos, y preguntarnos por quiénes somos es remitirnos a nuestros orígenes, a nuestra memoria histórica.

 

Para ellos es necesaria una comprensión más profunda sobre la historia de la formación de nuestra cultura, en la que se han encontrado y sintetizado tradiciones culturales amerindias, europeas y afroamericanas. No es posible juzgar livianamente quinientos años de historia en las que numerosos pueblos entrelazaron sus vidas, sus tradiciones, sus lenguas, su parentesco, su organización social y su experiencia religiosa. Es notorio que lo que se ha buscado con la crítica infundada es desfigurar la importancia de la presencia de la Iglesia en el continente: los grupos indigenistas, el Consejo Mundial de Iglesias, masones, etc., a los que curiosamente se han sumado no pocos católicos, incluidos sacerdotes y obispos, coincidiendo en la visión negativa sobre la celebración. En este caso como en tantos otros la Iglesia es y seguirá siendo un signo de contradicción.

 

La significación del Encuentro no puede reducirse al problema de los justos títulos o la duda indiana, como suele pasar en los debates entre intelectuales. La significación y la proyección histórica del encuentro sólo es posible extraerla en un período de larga duración. Incluso aunque existiera una voluminosa documentación que lo atestiguara, este significado no puede ser comprendido cabalmente por sus protagonistas.

 

El encuentro

 

Es el acontecimiento más determinante de la época anterior a la formación de los estados nacionales en A. L. No sólo se encontraron indígenas y españoles, sino los pueblos indígenas entre sí. Nunca el encuentro entre pueblos desconocidos fue simétrico. Es una ingenuidad creer que en estos encuentros el entendimiento y la consideración del otro es inmediata y sin costo alguno. Como se trata de pueblos desconocidos no hay pactos establecidos con anterioridad mediante los cuales sea posible regular las relaciones.

 

Es posible hablar de encuentro, a pesar de las diferencias étnicas, lingüísticas, religiosas o la distinta organización social y política, porque ninguno de los pueblos siguió siendo el mismo. Todos tuvieron que modificar su modo de comprender y ubicarse en el mundo.

 

Es evidente que en ese encuentro hubo costos sociales y que los mismos se cargaron sobre las espaldas de indios y africanos, pero la imputación global no permite apreciar objetivamente los resultados: la síntesis original que se da en la región. Y esta síntesis solo fue posible por la temprana presencia de la Cruz en el continente, de ahí que no sea posible comprenderla a partir de la enumeración de los valores y antivalores puestos en juego en ese encuentro. No basta, incluso, saber quienes fueron los más damnificados. La historia real suele ser más compleja porque en ella intervienen personas y no actores que desempeñan el papel del bueno o del malo. Esta historia la tejieron los pueblos nativos, los conquistadores, la corona y los misioneros. 

 

A esto tenemos que sumar la influencia del contexto internacional marcado por los conflictos políticos y religiosos tras la Reforma protestante.

Desde aquel entonces hubo toda una lucha por la apropiación de los logros de la modernidad. 

 

Hasta no hace mucho, y algunos todavía lo sostienen, la modernidad era vista como una consecuencia de la Reforma y el nuevo humanismo protestante [8]. Las interpretaciones más difundidas sobre la crisis del espíritu y el orden medieval nos han hecho creer que la modernidad renacentista era de signo totalmente contrario. Es decir, que no hubo una modernidad católica. 

 

Sin embargo fue la Iglesia la que introdujo la modernidad y dos son los hitos que marcaron esa introducción: el descubrimiento de América y la Revolución copernicana. En cambio desde la modernidad secularizante los hitos son la Reforma y el cartesianismo. La Leyenda negra sobre el Descubrimiento y la Conquista y la condena a Galileo Galilei (el sucesor de Copérnico) fueron las principales herramientas para despojar, hasta hoy día, a la Iglesia de toda vinculación con la modernidad.

 

La Iglesia al comienzo presentó batalla reinterpretando y asumiendo desde sí el espíritu de los nuevos tiempos (algunos pensadores hacen coincidir este intento con el espíritu del Barroco). Pero más tarde, a mediados del siglo XVIII, terminó imponiéndose la interpretación de la modernidad secularizante que también hunde sus raíces en el humanismo renacentista alcanzando su plenitud con la Ilustración. 

 

Desde entonces la Iglesia se pone a la defensiva y reinterpreta su propia historia con los criterios de sus oponentes: comienza a verse ella misma como contraria a toda modernidad, renegando de sus logros (de los cuales, como dijimos, ella fue el principal artífice) y recluyéndose en el nostalgioso anhelo del retorno a la cristiandad medieval. Como dijo un historiador: los católicos hicieron la vaca y otros se tomaron la leche.

 

La Leyenda negra tiene su origen en la Inglaterra de Enrique VIII. Basándose en las acusaciones de De las Casas contra los encomenderos y conquistadores por su maltrato a los indios, los ingleses crearon esta leyenda con propósitos políticos y religiosos (contra Carlos V y la Iglesia). Entre los historiadores serios es generalizada la opinión que De las Casas exageró hasta el extremo los atropellos de los españoles con el propósito de sensibilizar a la corona. Y lo consiguió porque fue convocado por el Rey para elaborar las futuras Leyes de Indias. 

 

Durante ese viaje a España aconteció el famoso debate entre De las Casas y Sepúlveda en torno al status de los indígenas y que determinó la inclusión de la abolición de la esclavitud en las Leyes de Indias y las jornadas de trabajo no superiores a las ocho horas para los indios encomendados. Esta disputa que involucró a los principales teólogos de la época, prevaleciendo la posición de los depositarios de la Escuela de Salamanca, se realizó en el marco de las luchas de Carlos V contra Lutero y los príncipes rebeldes.

 

Desde la perspectiva sociológica podemos distinguir dos grandes aspectos en la evolución de las civilizaciones hasta la actualidad.

 

 El primero es el paso de la tradición oral a la tradición escrita, y de ahí a la cultura audiovisual que es la contemporánea. 

 

El segundo es el paso de la sociedad fragmentaria, organizada en base al parentesco (tribu), a la sociedad jerárquica, organizada en base a estamentos, a la sociedad funcionalmente organizada que es el tipo de sociedad contemporánea. En esta última la red de relaciones sociales se entreteje a partir de las funciones que tiene cada uno en la sociedad (abogado, docente, cura, obrero, gobernante, comerciante, etc.). La típica sociedad estamental es la aristocrática, ahí no importa tanto la función sino el status. En cambio la típica sociedad funcional es la democrática, en ella hay una igualdad formal.

 

Oralidad y escritura: 

 

Los amerindios eran pueblos ágrafos mientras que los europeos se encontraban en plena revolución de la palabra escrita masiva. La imprenta ponía a la escritura al alcance de todos y fortalecía los idiomas vernáculos. La palabra escrita se convierte en un medio de comunicación privilegiado y por lo tanto en una importante herramienta del poder. Así lo intuyó Nebrija, creador de la gramática castellana en 1492 (la primera conocida en el mundo), quien en la dedicatoria a la reina sostiene que gracias a ella gobernaría el orbe.

 

A pesar de que los primeros españoles en llegar, en su gran mayoría, eran analfabetos, tempranamente en el continente hubo imprentas y universidades. Ambas cumplieron un papel destacado en la evangelización y en la administración política de la región. La imprenta, la gramática, la universidad y fundamentalmente la reflexión filosófica y teológica motivada por el encuentro y liderada por la Escuela de Salamanca, fueron factores decisivos en el desarrollo de la legislación. No hubo en la historia europea una gesta colonizadora tan profusamente y tan minuciosamente registrada y reglamentada, aunque la norma muchas veces no se cumpliera. España adhería masivamente a la cultura del texto.

 

La novedad más grande para el europeo fue descubrir pueblos que no pertenecían al tronco bíblico, es decir pueblos de los que no se tenía ni noticia. Esto puso en entredicho la universalidad de la cristiandad medieval, luego del descubrimiento quedó reducida a una cristiandad europea. 

 

Los nuevos pueblos no eran creyentes ni herejes o infieles, como numerosos pueblos de la periferia de la cristiandad europea, sino paganos. Nunca se les había anunciado la Buena Nueva, paso necesario a partir del cual pudieran aceptarla o rechazarla. Este es el motivo por el cual la Inquisición no alcanzó a los pueblos nativos, y de hecho no hay registrada una sola condena entre los indios, si en cambio entre españoles (tres). El fantasma de la Inquisición en América Latina es una mentira agitada por los partidarios de la leyenda negra.

 

La Escuela de Salamanca promovió el respeto a la cultura autóctona, había que atraer a los indios con la verdad, no con el engaño o la fuerza. Por eso procuraban estudiar primero las lenguas y las tradiciones religiosas de los nativos para entrar en diálogo con ellos, eso si, reprochándoles lo que atentare contra la dignidad de la persona humana.

 

La evangelización tuvo dos etapas: La primera pretidentina a cargo de las ordenes mendicantes (mercedarios, franciscanos, etc.) en la región centroamericana. La segunda fue postridentina y llevada a cabo por los jesuitas (orden postridentina y moderna) y es la primera que llega a América del Sur. Esta compañia está altamente influenciada por la Escuela de Salamanca y es la que empuja hacia la síntesis barroca y el mestizaje.

 

Para los indígenas el cósmico y el ordenamiento social eran uno, se identificaban en las sociedades cúlticas. El hombre nativo se veía a sí mismo como un elemento más de la naturaleza o del cosmos. En cambio para los españoles su sentido de la historia no derivaba de la sacralidad de la naturaleza sino de la Encarnación del Verbo y de un libro sagrado. Para el Inca era imposible concebir que el acontecimiento que cambió la historia se dio fuera del Cuzco, que consideraba el ombligo del mundo. Los españoles no estaban en sus mentes, no existían y no había manera de integrarlos a su cosmovisión. De ahí que experimentaran el encuentro como un gran caos.

 

La ley escrita marcará el comienzo de la diferenciación entre la naturaleza (cosmos) y la organización social. El ordenamiento social está ahora plasmado en el texto y no representado en el orden natural. Este es el comienzo, también, de la diferenciación entre naturaleza y cultura (como ámbito especificamente humano producto del encuentro entre sujetos).

 

Las lenguas nativas que no se transformaron en lenguas escritas se perdieron en su totalidad. 

 

Esta tarea, junto a la conservación de muchas tradiciones nativas se debe a la labor de misioneros que hicieron de cronistas. Las lenguas nativas debieron, entonces, acomodarse a la lengua escrita y junto a ellas debieron hacerlo también las tradiciones culturales (especialmente en lo concerniente a la diferenciación entre el orden natural y social).

 

El Barroco sintetizó ambas tradiciones. No las contrapuso sino que las integró mediante el teatro, la liturgia, el baile, la fiesta, la peregrinación, la poesía, la paya (o payada), el culto, etc. Cada sujeto del encuentro tuvo que rehacer sus categorías desde las cuales se pensaban a sí mismo y el mundo que los rodeaba, es decir tuvieron que rehacer su categorías culturales.

 

La organización social y el mestizaje

 

Las sociedades indígenas, en su mayoría, tenían una organización social fundada en el parentesco. Sólo los imperios Inca, Maya y Azteca poseían una organización social jerárquica centrada en lo sacrificial y dirigida por una casta sacerdotal. La organización por parentesco era propia de los pueblos recolectores que no desarrollaron la agricultura.

 

Suele verse al mestizo como un hijo ilegítimo y no deseado de la conquista (por ejemplo Octavio Paz). Sin embargo otros lo valoran como un fruto positivo del encuentro, es el caso de José Vasconcelos.

 

El mestizaje y la integración fue más traumática en los casos de aquellas civilizaciones organizadas estamentalmente en base al culto y el sacrificio. En cambio la costumbre de los pueblos, organizados sobre la base del parentesco, de entregar sus hijas para aliarse con el extranjero facilitó la mestización. El caso típico es el del pueblo guaraní, en donde rápidamente se consolidó la institución del cuñadazgo (los aborígenes se ufanaban de ser cuñados de algún español y los españoles llamaban suegro al cacique que les había entregado sus hijas). De ahí que entre los conquistadores del continente se llamara a Asunción el paraíso de Mahoma.

 

Para los pueblos organizados en torno al culto el producto del encuentro, que es el mestizo, era la expresión del caos del cosmos. Por eso en esas regiones el mestizo fue tenido en menos por los nativos, al contrario de las regiones basadas en el parentesco. Tras la conquista las civilizaciones sacrificiales se dispersaron y volvieron a las relaciones de parentesco y la propiedad comunal de la tierra. Luego integraron las misiones y pueblos en los que terminaron mestizándose.

 

Pedro Morandé destaca que es notable que ninguna de las rebeliones populares indígenas de la época reivindicó el culto solar ni los sacrificios rituales o la estamentalización sacerdotal. Sí conservaron el culto a los muertos, a la Madre tierra (Pachamama), etc. Esto demuestra, como lo confirman los estudios de otras civilizaciones, que el culto solar era el culto de los estratos superiores pero no formaba parte de la religiosidad del pueblo.

 

Para los españoles y portugueses el mestizo integraba los estratos más bajos de la sociedad jerarquizada (al primer siglo del descubrimiento los mestizos eran la mayoría). A pesar de ocupar la base de la pirámide social de la organización estamental, el mestizo tuvo un lugar desde el que pudo integrarse al conjunto de la sociedad. Hay que aclarar que el hecho de ocupar las escalas más bajas de una organización social no significa necesariamente desintegración o aislamiento. Es la diferencia que existe entre el pobre y el marginado. Ambos conceptos pueden coincidir en un sujeto, otras veces no. 

 

Como dijimos, en aquellas sociedades organizadas en base al culto la integración fue más tardía y traumática. Este fue el caso mejicano, pero la aparición milagrosa de la Virgen María en Guadalupe selló definitivamente la alianza entre los pueblos de la región. No es casual que el rostro de la aparecida fuera moreno y la persona que presenció la aparición fuera un mestizo. A partir de ahí la labor evangelizadora de los misioneros comenzó a dar sus frutos.

 

Tanto el indigenismo como los europeístas de la leyenda rosa ignoran al mestizo en nombre de la pureza de la identidad. El criollo es el transplantado: hijo de europeos nacido en el nuestro continente. Sin embargo rechazar al mestizo es rechazar la identidad constituyente de América Latina. Incluso cuando se trata de países con alto porcentaje de inmigrantes como la Argentina.

 

Los latinoamericanos vivimos mirando el pasado y discutiendo nuestra identidad. Es evidente que comprender el encuentro exclusivamente desde valores como la justicia, los derechos humanos, la igualdad, la no violencia, etc. nos incapacita para reconocer la síntesis original que representa la identidad cultural latinoamericana. Porque en ese encuentro hubo tanto valores como antivalores, encarnados muchas veces en los mismos actores. 

 

Es una falta de objetividad histórica y un simplismo tendensioso creer, como hacen algunos, que los misioneros encarnaron sólo los valores y los  conquistadores españoles los antivalores. De esta perspectiva de los valores parten muchos estudiosos de las ciencias sociales, incluso algunos católicos para terminar confirmando su presupuesto sobre la heterogeneidad y la carencia de una identidad cultural latinoamericana. 

 

Su error reside en que no tienen en cuenta al mestizo (tempranamente más del 80% de la población del continente) como clave interpretativa y menos aún la fe que es el núcleo de nuestra identidad cultural. Ese encuentro no se realizó en el horizonte de los valores o el discurso sino en el horizonte de la fe y la cristalización de un nuevo sujeto: el mestizo. Cristo y María siguen reuniendo en sí a este pueblo nuevo en un mismo destino.

 

Otro aspecto que concierne a la nueva organización social tras la conquista, es que el español no tuvo interés en la apropiación de tierras como medio de producción. Su interés se focalizó en los metales preciosos y el tributo al Rey exigido a todos los súbditos.

 

El oro fue una importante fuente de conflictos entre españoles e indígenas. Para los primeros era un medio de pago, para los segundos era un objeto de culto. Así y todo no puede tenerse como único objeto de la conquista la rapacidad de los ibéricos y su fiebre por el oro. 

 

Pero también los tributos tuvieron un importante papel en la obtención de recursos para la corona y los particulares. El pago de ese tributo exigió organizar a los pueblos conquistados porque no es posible la recolección de un tributo en una economía de subsistencia y fragmentaria. Entonces se organiza el trabajo indígena para satisfacer la obligación del tributo. Así surge la institución de la encomienda, tanto en la agricultura  como en la minería. 

 

La encomienda no es una empresa privada como las actuales, sino una especie de concesión que hacía el Rey en persona a algunos españoles (entre los más honorables) para utilizar el trabajo indígena. Su única legitimidad emanaba del tributo, que era extraído del fruto del trabajo. Esta legitimación, por otra parte, no era totalmente desconocida por los pueblos indígenas que tuvieron contacto con las grandes civilizaciones prehispánicas, ya que ellos también debieron organizar el trabajo en función del tributo. Llegó a darse que pueblos enteros de la periferia del imperio se organizaban para tributar al Inca y de esa forma evitar un conflicto y un sometimiento mayor.

 

De esta forma España introduce una nueva jerarquización social, desligada ahora del culto y sobre la base de las obligaciones tributarias y el grado de mestización (porque hubo muchas formas de mestizaje – El continente de los siete colores).

 

Las raíces de la religiosidad popular latinoamericana

 

Ya dijimos que las religiones indígenas eran cúlticas y rituales, no eran religiones salvacionistas ni poseían sistemas filosóficos-especulativos como los del cristianismo. Por lo tanto el encuentro tuvo que darse en el plano ritual y del culto y no en el plano de la palabra escrita y la doctrina. El cristianismo no fue presentado a los nativos en formulaciones lingüísticas o valores conceptualizados, como si fuera un discurso ideológico que mediante argumentaciones buscara someter al indio, sino que fue presentado en símbolos, gestos, etc. 

 

La lógica o la estructura del lenguaje siempre esta referida a una estructura de pensamiento, a una forma de comprender y vincularse con el entorno. El lenguaje discursivo es el propio de las culturas que conocieron la palabra escrita. En el hay una línea argumental que estructura y orienta tanto la forma de comunicar como de conocer (por ejemplo el encadenamiento de tesis-antítesis-síntesis o la lógica clásica que sostiene que el conocimiento intelectual es un proceso que va desde la simple aprehensión o captación del concepto, pasa por el juicio o la proposición y llega al raciocinio). 

 

Por el contrario el lenguaje analógico-simbólico, propio de los pueblos ágrafos o las culturas orales, no se sirve de tales estructuras o encadenamientos, es un lenguaje poblado de imágenes más que de conceptos, no es argumental. De ahí que a nuestra estructura de pensamiento una cosmovisión como el Popol-Vuh parece incoherente, contradictoria y hasta caótica mientras que para sus creadores es el relato sobre el orígen, estabilidad y equilibrio del cosmos.

 

Por lo tanto hay que buscar en los actos de la vida cotidiana aquello que expresa la síntesis cultural y religiosa de nuestro pueblo. Los actos o los gestos que revelan ese sustrato son, entre otros, el trabajo, la fiesta, el intercambio de dones. Pedro Morandé [9], se detiene en este último aspecto debido a que en él radica la principal diferencia entre el mundo indígena y el europeo.

 

En las sociedades precolombinas el sacrificio ritual tenía la doble finalidad de restituir el orden cósmico y social. Esta función era la que legitimaba la organización económica, el consumo, la guerra, el trabajo, etc. en esas sociedades. Se trabajaba para el momento del sacrificio, en el cual de desutilizaba o se destruía el excedente económico. 

 

No se trabajaba para acumular más y luego trabajar aún más. Una economía cúltica es una economía de intercambio de dones, no de mercancías. 

 

El don es un bien despojado de todo valor que provenga de su utilidad o de su realización como bien de consumo. Es un bien cuyo valor si bien proviene del trabajo que costó obtenerlo pero que a la vez es sustraído del circuito productivo, porque no es acumulado, ahorrado, vendido ni consumido, sólo es donado. 

 

En cambio en la sociedad capitalista la producción de excedente es primordial, no para sacrificarlo sino para garantizar la reproducción del sistema económico y el capital. Esto ha significado la secularización del trabajo, debido a que ha dejado de estar en función del culto, el sacrificio y la fiesta

 

Las reducciones y el sistema de la hacienda al no monetarizar hacia dentro las relaciones laborales, mantuvo intocadas estas características del mundo precolombino. 

 

El trabajo no se convirtió en mercancía, sino en ofrenda y tributo al Rey. De aquí deriva la importancia de la ofrenda en la religiosidad popular latinoamericana. A ello contribuyó también que la mentalidad del español no estuviera demasiado impregnada por el espíritu del capitalismo naciente como en otros pueblos de Europa. 

 

Su actividad económica se orientaba todavía a la producción suficiente, no estaba profundamente arraigada la idea de una acumulación especulativa. Procuraba poseer y enriquecerse pero en función de la adquisición de status o prestigio social (títulos, honores, etc.) y no para reinvertir y reproducir infinitamente su capital. Por eso Valdivia cuando encuentra oro en Chile lo primero que dice es Ahora me van a llamar Señor.

 

La revalorización de la religiosidad popular latinoamericana parte de dos argumentos: El primero sostiene que el radical sustrato católico de la cultura latinoamericana fue amasado durante tres siglos de evangelización y es anterior a la presencia del Iluminismo y la formación del Estado moderno en el continente. El segundo argumento dice que este sustrato es Barroco, es decir moderno. Hubo una modernidad católica prei-lustrada en el continente. A continuación intentaremos profundizar en la significación de estos dos argumentos.

 

El Barroco

 

Se ha reducido el concepto de lo barroco al campo artístico, como movimiento expresivo, y al campo político, identificándolo con el espíritu de la contrareforma. Según esas interpretaciones el barroco es el fruto de una política cultural emprendida por el papado para dar batalla al protestantismo en los frentes político, cultural y religioso. Por eso se denominó a su estilo arte jesuítico. Aunque esta interpretación pudiera contener algo de verdad, el barroco expresa mucho más que todo eso. 

 

Es toda una época histórico-cultural que desborda el ámbito europeo y que incluye también aspectos simbólicos-prácticos, éticos y organizativos. Es la expresión cultural de una época que no se define por la negación (a la Reforma protestante).

 

El Barroco representó una síntesis tan universal que permitió integrar todas las tradiciones existentes en América Latina, como la negritud, e incluso las grandes oleadas migratorias posteriores al siglo XIX. Era una cosmovisión en la que cabían todos los pueblos y las particularidades del entorno natural, ofreciendo la posibilidad de participar en una verdadera ecumene, a pesar de que algunas tradiciones hayan desaparecido por culpa del encuentro. 

 

El sujeto de la ecumene barroca son los pueblos y no los estados. De ahí que el espíritu de cruzada medieval no sirva para caracterizar la originalidad de la evangelización del continente (la cristiandandad indiana nada tiene que ver con la cristiandad medieval). Fue un encuentro entre pueblos con culturas distintas que no se limitaron a tolerarse o cohabitar sino que se integraron en una identidad común. 

 

El arte de la época es el mejor reflejo de esta síntesis de las culturas (las expresiones del Barroco americano no fueron literarias sino plásticas): en la pintura se incorpora la flora y fauna nativa, los colores del entorno, el oro laminado, etc.; en la arquitectura y el arte religioso se incorpora el valor cúltico del oro en los altares, motivos indígenas en las fachadas de los templos, etc.; en la música nacen instrumentos y danzas originales como el charango, el uso del violín en la chacarera argentina, etc. 

 

También vemos reflejada esa síntesis en las celebración y la fiesta: en las fiestas patronales los negros acompañaban al Santo Patrón o Patrona al ritmo de lo que hoy se conoce con el nombre genérico de candombe, etc.

 

Nombraremos algunas características sobresalientes del espíritu barroco: En primer lugar el sentido dramático de la vida, totalmente opuesto al escepticismo y la obviedad. Este sentido dramático se completa con el sentido festivo y sacrificial, principalmente en las celebraciones (carnaval y Miercoles de Ceniza, procesiones patronales, Vía Crucis de Semana Santa, velorios, etc.). 

 

La fiesta es colectiva, multitudinaria y participativa, no es un mero espectáculo. En segundo lugar, y asociada a la anterior, la subjetividad de la sociedad se expresa publicamente: la Iglesia pertenece al ámbito público (algunos han interpretado así el hecho de que muchos templos del continente reproduzcan en sus fachadas el altar de su interior). En tercer lugar lo barroco es exitante, exuberante, fantacioso y vital (opuesto a lo racional): exagera los rasgos, las iglesias se pueblan de angelitos gordos, santos y decorados a veces en una mezcla confusa, poco armónica y desequilibrada. En cuarto lugar la naturaleza se reviste de una significación simbólica que trasciende su sentido meramente utilitario. 

 

Es una naturaleza cargada de misterio y es llevada a la arquitectura y la pintura con toda su fuerza y vigor. En quinto lugar se valora el tiempo para el ocio colectivo: dentro del ámbito del ocio se suceden el culto, la tertulia, el encuentro, la fiesta, la celebración, etc., es decir todo lo que no es trabajo. La vida no está en función del trabajo sino que el trabajo es para el ocio.

 

Finalmente otra característica del Barroco, que ya hemos nombrado, es el haber sintetizado la oralidad con la escritura. Ya dijimos que cada una de ellas supone algo más que distintas formas de comunicación, son también dos formas distintas de estructurar el pensamiento y de situarse en el mundo: son dos maneras distintas de la presencia del sujeto en el mundo. En El Quijote de Cervantes vemos representadas estas dos formas. 

 

La escritura en el Quijote y la oralidad en Sancho. Los dos tienen visiones distintas del mundo: uno desde los libros, el otro desde la experiencia y la oralidad. Quijote asocia sus acciones a aventuras librescas, mientras Sancho las refiere a dichos y refranes. Sin embrago hay una interdependencia entre ambos. Más todavía en el Quijote para quien la separación de Sancho termina con su vida. Pedro Morandé extrae de aquí la siguiente moraleja: una vida desgajada de la oralidad termina en la locura y en la muerte.

 

En la acción ritual la Iglesia contiene a estas dos formas, de ahí la importancia que tuvo la evangelización en el logro de la síntesis entre la tradición oral y la escrita, y de ahí también la prioridad concedida al rito sobre las formulas doctrinales. El poder integrador del rito crea un espacio de universalidad en el que pueden encontrarse culturas distintas y hasta antagónicas.

 

Como hemos visto la visión ideológica del encuentro privilegia la discusión sobre los justos títulos de los españoles, pero la experiencia humana real trasciende sobradamente ese problema.

El espíritu de la Ilustración, que desembarca en el continente a partir del siglo XIX, es totalmente opuesto al espíritu del Barroco. En él todo es medido, se busca el equilibrio (moralismo, racionalismo). Su espíritu es laicista y secularizante: seculariza el espacio público, privatiza el culto y la fiesta. Es elitista: divide a la sociedad en civilizados y bárbaros (Sarmiento) y el bárbaro suele ser el mestizo. Es más: muchos intelectuales de la generación ilustrada del '900 prefirió reivindicar al indio antes que al mestizo. De hecho los primeros indigenistas latinoamericanos surgieron de esos círculos. El Estado moderno llegó a América Latina imbuido de este espíritu, no sin atravesar primero por sangrientos enfrentamientos civiles, como en el caso argentino. 

 

El resultado de ese transplante de la filosofía de la Ilustración y las instituciones que de ella emergieron (el Estado-nación moderno) ha sido el divorcio entre la cultura de las elites y la cultura popular. Y lamentablemente los científicos sociales, cuando tratan de encontrar las causas de la escasa consolidación del Estado moderno en el continente (como lo evidencian sus continuas crisis institucionales) soslayan este divorcio cultural.

 

Por eso la Iglesia al revalorizar la religiosidad popular latinoamericana, al celebrar el V Centenario del encuentro y proponer la Evangelización de la cultura, lo hace con una finalidad misionera, pero indudablemente también son propuestas que apuntan a recuperar las fuentes de legitimidad del latinamericanismo en el contexto de los retos que plantea la modernidad. Por lo tanto, y contrariamente a lo que suele creerse, dichas propuestas tienen también alcances o repercusiones políticas (en un sentido amplio y no restringido) porque apuntan a un cambio en nuestra autoconciencia. 

 

Bibliografía

 

-         Francisco Morales Padrón: Historia del Descubrimiento y Conquista de América. Cuarta Edición. Editorial Nacional. Madrid

-         Christian Duverger: La conversión de los indios de Nueva España. Con el texto de los coloquios de los Doce de Bernardino de Sahagún (1564). F.C.E. México, 1987.

-         Reinhold Schneider: Bartolomé de las Casas frente a Carlos V. Ediciones Encuentro. Madrid,           1979.

- Pedro Morandé: Contracultura de la Ilustración. NEXO Nº 7, Primer trimestre de 1986.

- Pedro Morandé: La formación del ethos barroco como núcleo de la identidad cultural latinoamericana. En América Latina y la Doctrina Social de la Iglesia. Ed. Paulinas, 1991.

- Carlos Galli: La religiosidad popular urbana ante los desafíos de la Modernidad. En América Latina....

- Carlos Cousiño: La formación de los estados nacionales y su relación con la Iglesia y la sociedad. En América Latina....

- Juan Pedro Lumerman: Pensamiento social de la Iglesia y cultura latinoamericana. CIAS, Nº 396, Septiembre de 1990.

- Los últimos apartados, desde La formación de nuestra identidad, fueron extraídos del curso de Sociología de la Religión que dicto en el Seminario Catequístico María Auxiliadora.

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4. Gentileza de [email protected] 
Dia de la Raza Controversia Nac&Pop

 

Imanalla Takangui Huiwas Upalla Shimi  

 

Y disculpenme por hablar en la segunda lengua a fin de de levantar la otra verdad ya que ya hemos escuchado algo de la posicion de los vencedores .

 

A todos aquellos que quieren tapar   el sol con un dedo. que tiene que ver Bartolo me de las Casas con la Jerarquia de la Iglesia que teien el poder y como el dia de hoy muestra la otra mejilla y se sienta a la mesa con los que prosiguen el genocidio que a hecho la iglesia sobre lo que pasa en bolivia en estros dias por ejem. ya hay mas de 30 muertos de la Nacion Aimara por las tropas leales al Gobierno de Goni  y todos sabemos que de los mas de 8 millones de personas que viven en ese pais llamado Bolivia mas de 5 millones estan en la miseria( segun el INE y la Superintendencia de Bancos estas perciben por debajo de los 50 dolares por mes mientras que por otro lado cinco mil familias -gozan de depositos sobre los 1.700 millones de dolares depositados como ahorros en la banca comercial.

 

Para los que creen que no valoramos las cosas que nos trajeron como la lencua o la llamada cultura si   es verdad nos trajeros una cultura esta la vivimos y sufrimos la de la desigualdad a tan alto precio estamos pagando la estupida idea de la Civilizacion, han pasado mas de 5 siglos y todavia hay gente que siguen cabalgando en el carro de la idea de que Europa vino a traernos civilizacion Europa con la cruz y la espada por delante nos vino a robar y nos siguen robando hasta estos dias pero un dia llegara y no le veo muy lejos nuestras lenguas nuestras formas de espiritualidad nuestras costumbres comunitarias y la vision de ver a la Tierra como nuestra Madre se levantara como ese crisol y nuestros recursos seran para todos por igual para negros blancos amarillos y rojos nunca mas las corporaciones se haran ricas   a costa de nuestra sangre.

 

Ashito pagarashu

Caya Cama. Mashicunas.

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Gentileza de Andres Merenda 

¿DIA DE LA RAZA? - ¿QUÉ RAZA LA ESPAÑOLA? ¿ PORQUE DIA DE LA RAZA?

 

¿DIA DE LA RAZA? - ¿QUÉ RAZA LA ESPAÑOLA? ¿ PORQUE DIA DE LA RAZA? 

Según la Dra. MARIA ISABEL LAURRARI,, dijo en un programa de televisión local, que el descubrimiento de América fue muy beneficioso, puesto que trajeron el tomate, papa (la Patata) EL CABALLO, la rueda, el maíz, el tabaco, etc., que trajo a América un gran desarrollo, que fue lo mas importante que le ocurrió para toda América, - dice- ESO NO SE PUEDE DISCUTIR.

Como buena hija de Española- dice – este choque cultural fue determinante para el progreso económico, España trajo una cultura.

Dice - ¿ QUIENPODRIA INMAGINAR HOY A UN GAUCHO SIN SU CABALLO?

Que en su opinión, se debería ver desde la óptica desapasionada o sea sin pasiones "egoístas" sino con una óptica como una globalizacion ocurrida en aquellos años, especialmente en el siglo XIX y mitad del siglo XX, ( con el tema de la inmigración), que llegaron aquí por segunda vez desde España echo que ella le da tanta trascendencia –dice- que marco a América y a nuestro país.

Si hacemos un poquito de memoria, debemos recordar que cuando descubrieron América, fue mucho antes que lo hiciera Cristóbal Colon, a esto lo hizo AMERICO VESPUCIO y en su honor fue puesto el nombre de América.

Cuando Colon descubre América, descubre a aquellos originarios (indios) fueron descubierto con espejitos de colores y otros elementos que luego los mataron, masacraron para robarles su oro y sus riquezas, que poseían aquellos originarios de la época, a mi entender solo le trajeron pestes enfermedades, que no se conocían en estos lugares, como también la esclavitud comandada por misioneros españoles que diezmaron poblaciones enteras con la Cruz en la mano derecha y luego mesclandose con las originarias (indias) en forma brutal, tomando sus mujeres en forma compulsiva con nacimientos llenos de tragedia y dolor, creando entonces si, una raza muy especial diría yo, desde la matriz que los parió llenos de odio y de ira.

Debemos recordar que España fue un país violador de otros países junto con Inglaterra convertidos en piratas del mundo, y por ende de Argentina, quienes han estudiado un poco mas las Invasiones Españolas echas en la nuestro país, dejaron implantado un sistema feudal que dura hasta los días de hoy.

Luego en las inmigraciones llegaron escapando de su país, unos buscando la tierra prometida, otros disparando de la justicia, otros escapando de la guerra, llegaron a América y por ende a nuestra Provincia implantaron su egoísmo, su odio su mal vivir, el fracaso de un país que en ese momento se despedazaba y que ya no los podía contener.

San Juan se caracteriza por poseer mas asentamiento de Españoles, y en la Provincia de Mendoza a 150kilometros,que allí cayeran Italianos, por eso la ciudad de Mendoza es una ciudad pujante comparado con nuestra Provincia y siempre en vías de desarrollo, en cambio San Juan, jamas adelanta nada y si adelanta es muy poco, cuesta que su gente se agrupe, sea unida, participe, etc. Y que sus autoridades muchos de ellos sean de esa descendencia y no trabajen a favor del pueblo, como Diputados y Senadores en ves de llegar un unidos a Capital Federal (Buenos Aires), llegan desunidos, èsto no sucede con la provincia de Mendoza, pues sus funcionarios se unen cada vez mas.

San Juan será siempre una aldea en su forma de pensar, su gente se caracteriza por ser muy individualistas, le gusta poco participar y si participa es que solo vio alguna perspectiva de beneficio, y sino algo le encuentran a quienes tal vez trabaje para la provincia y para la gente, entonces allí aparece su envidia, su egoísmo y no deja trabajar al otro, siempre algo le encuentra y si lo tiene que hacer quedar mal, lo hace con bombos y platillos, su envidia esta arraigada dentro de ellos como una semilla que no creo sea sacada muy fácil sino hacemos un buen trabajo de despañolizacion en esta tierra.

Y por ultimo ya no nos invaden con armas o con espejitos de colores, sino económicamente, la mayoría de las empresas en Argentina son españolas, casi todo el capital de esas empresas.

Entonces de que raza estamos hablando.

Yo creo que jamas deberíamos rendirles honores

Todos los años deberíamos recordar la masacre que hicieron, como nos implantaron la envidia, el odio el egoísmos, etc.

Además quiero aclarar, que tal vez para contrarrestar esta opinión, buscaran la forma de desacreditar mi persona y no de dar una opinión como yo la estoy dando ahora porque no hablo de ninguna persona solo hablo de una raza que hizo tanto daño a este país y América toda.

ANDRES A. MERENDA
Presidente
Red Provincial de O.N.Gs. de San Juan// Brasil 69 este -San Juan-5400-
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Mientras luchan por separado, son vencidos juntos . ( Tácito) 

Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena ...(Martin Luther King) 
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(Mahatma Ghandi)
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El poder es nuestro, lo hemos delegado. Debemos recuperarlo, por la iniciativa creadora de cada uno. (Bernardo Lischinsky)
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- La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del Pueblo o
lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste .(Juan Domingo Perón) 

-Cuando veas a un gigante, examina antes la posición del sol, no vaya a ser 

la sombra de un enano  FiedrichL. Freiherr von Hardenberg, Novalis) ( 

El hoy no es un ayer en falsa escuadra. (Raul Barreiros) 
Patria te han tira´o al a´ujero y te tenemos que sacar (Santa Revuelta) 
-Asi la quiero Eulogia, ¡retobada!  (Inodoro Pereyra/Roberto Fontanarrosa)
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Debemos saldar la historia de nuestra identidad con nuestros cuatro abuelos: El abuelo indigena, el abuelo negro, el español y el inmigrante arabe, polaco, italiano o de las demas inmigraciones. (Hugo Chumbita)
-Si me llega a pasar algo, no pidan por mi, pidan por todos (Jorge Di Pascuale)
³Hay momentos en que el pueblo sintetiza en la acción los pasajes más significativos de su historia.  (Agustín Tosco).

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- Nuestra patria dejara de ser colonia, o la bandera flameara sobre sus ruinas. (Eva Peron) 

La patria es un peligro que florece (Leopóldo Marechal) 

-El destino de nuestra Revolución nacionalista está indisolublemente unido 

al destino de esa patria común que es Latinoamérica (General Juan Velasco Alvarado)  
- El colapso del marxismo no debe ser considerado como el triunfo del sistema capitalista liberal...América latina ha de reafirmar su identidad desde sus raíces genuinas, 

para la construcción de una sociedad solidaria, más justa.  ( Juan Pablo II ) 
En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo  (20 verdades peronistas) 
Estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica.  (Ernesto «Che» Guevara) 

Brindo por una América capaz de abatir a las bandas imperiales, cuando se una 

en la cruz de los senderos camino a la segunda libertad.  (Raul Gonzalez Tuñon)
La Patria es la América (Simon Bolivar)
-Por los clamores que con generalidad han llegado al cielo, en el nombre del Dios Todopoderoso, ordenamos y mandamos que ninguna de las personas dichas, paguen ni obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos...  ( Tupac Amaru) 
-Ningún país puede pensar en desarrollarse sobre bases coloniales ( Arturo Illia) 

Cuando la Patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla

( Jose de San Martin) 

 


[1] No existe en la historia un encuentro, entre culturas y civilizaciones que se desconocieran mutuamente, tan profusamente documentado. Practicamente todo lo conocido sobre los pueblos nativos proviene de los cronistas españoles y los misioneros que en muchas ocasiones recogieron mucho más que crónicas de la conquista contribuyendo a la conservación de las tradiciones nativas. Por ejemplo el Popol-Vuh gracias a Bernardino de Sahagún. También se destacaron Poma de Ayala, Pachacuti, Juan Santa Cruz y otros. Pero la más colosal documentación, que todavía no ha sido totalmente registrada y catalogada, es la del Archivo de Indias. Recordemos que España, como toda Europa tras el invento de la imprenta, se hallaba en plena revolución de la palabra escrita. Nebrija, el mismo año del descubrimiento, presenta a la reina la primera gramática de la lengua castellana, la primera conocida en la historia. En cambio los pueblos nativos de este continente eran ágrafos.

Por otra parte el Encuentro sigue produciendo innumerables investigaciones científicas (históricas, arqueológicas, antroplógicas, aconómicas, etc.)

[2] En las ciencias sociales, especialmente la sociología, se impuso desde hace aproximadamente dos décadas un pensamiento único que sostiene lo siguiente: La consolidación de la democracia en América Latina exige incrementar, mediante políticas culturales, la heterogeneidad y la pluralidad. Porque cuanto más opciones tenga el ciudadano más libertad habrá en la elección. Como quien va al supermercado y al encontrarse con las góndolas repletas siente y experimenta una especie de señorío creyendo que lo que le ofrecen es “todo” lo imaginable. Así surgieron lo que se ha dado a llamar el “mercado cultural”, el “mercado religioso” o el “mercado de sentidos”. Curiosamente esta concesión al liberalismo en el terreno de la producción simbólica provino de teóricos de la izquierda latinoamericana (comunistas, socialistas, católicos de izquierda, etc.), el “socialismo renovado” o reciclado. Joaquín Brunner, Canclini, Nun, etc, propusieron en aquel entonces, políticas culturales mediantes, resaltar la diferencia en nuestras sociedades porque, al modo del viejo nominalismo, la diferencia y la individualidad es más real que los universales. Conceptos como el de “pueblo”, “identidad popular”, “sujeto histórico” o “sujeto colectivo”, “identidad latinoamericana”, etc. son puramente ideológicos, no existen en la realidad. El chileno Joaquín Brunner por ejemplo (autor de “El Espejo trizado de América Latina”) propuso para consolidar las democracias del continente, crear más iglesias y más partidos. A mi juicio estos teóricos que coparon con sus ideas el ámbito académico, terminaron siendo una especie de “intelectuales orgánicos” al servicio de aquellos factores de poder nacionales y transnacionales que lograron consolidar su hegemonía pulverizando toda resistencia. Sólo la de grupos de protesta aislados que no trascendieron o trascienden con sus demandas el ámbito de lo expresivo.

[3] El más destacado de este movimiento intelectual fue el mejicano José Vasconcelos (Ministro de educación de la Revolución y candidato a presidente por el efímero Partido Demócrata Cristiano de Méjico). Contaba también con el uruguayo Rodó (“Arielismo”), el argentino Manuel Ugarte, el cubano Rubén Darío, el peruano Mariátegui, la chilena Gabriela Mistral, etc.

[4] Prueba de ello son: nuestro folclore cuyos estilos e instrumentos provienen de esa época y cuyo patrono es San Francisco Solano, misionero que por el siglo XVII evangelizó el mundo quéchua con su violín convirtiendo al “violinisto” en el ejecutante infaltable de toda chacarera santiagueña. O también la expresión más masiva de la religiosidad mariana de nuestro pueblo: la peregrinación a Luján. Los principales componentes de nuestra  subjetividad colectiva se amasaron durante esos tres siglos, que algunos intelectuales ilustrados han llamado despectivamente como “la siesta colonial”.

[5] La identidad nacida del Estado-nación cede a la de nación-cultura que la precedió. Muchos pueblos en la historia fueron “nación” antes que “Estados”. Por ejemplo las 12 tribus de Israel.

[6] Hace unos años un periodista inglés con mucha ironía, puso en evidencia el origen de la imposibilidad de legitimar la unión cultural y política de la Europa continental. El único antecedente en la historia europea de una integración semejante fue durante la Cristiandad medieval, en donde tuvieron, entre otras cosas, un idioma común y un derecho común. Pero la actual civilización, desde la Ilustración, renegó totalmente de ese pasado. Nosotros podemos cometer el mismo error si cedemos sin más a la tentación macartista de asociar el Día de la Raza con el de la “Racia”, el Descubrimiento y la Conquista con el “exterminio”, etc. En definitiva todo lo que Sarmiento llamó “la barbarie”.

[7] La inclusión del tema “Despertar de racismos y fanatismos” en el Sínodo para América (Nov. – Dic. De 1997) nos habla de su vigencia. Leopoldo Zea   en un trabajo reciente sostiene que a partir del reconocimiento del presidente Clinton de que Estados Unidos  es una nación multicultural y multiracial, han caído las barreras racistas del mundo anglosajón-protestante que impedían la integración con latinaomérica.

[8] Max Weber "Opc. Cit.”

[9] “Contracultura de la Ilustración” Revista NEXO.

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