(Spanish) On the events in Bolivia, b y Andrés Soliz Rada

"Nestor Gorojovsky" <[email protected]>
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Sorry, don't have the time to translate. But what follows is a very 
good comment on the events of October 17 on three dates: 2003, 1969 
and 1945. This gives a general background to what happened during the 
last October 17 in Bolivia. 

Andrés Soliz Rada is an outstanding Bolivian journalist and essayist, 
he was member of the Parliament and senator by the ConDePa ticket. He 
got there on the votes of the same residents of El Alto who are now 
supporting Evo Morales and have been so important during the recent 
upheaval of the Bolivian masses.
------- Forwarded message follows -------
From:           	Nestor Gorojovsky <[email protected]>
To:             	[email protected]
Subject:        	Andrés Soliz: La magia del 17-10
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Date sent:      	Mon, 10 Nov 2003 09:08:19 -0300

LA PAZ, 10(PSI).- LA MAGIA DEL 17 DE OCTUBRE. (por Andrés Soliz 
Rada).

 Hasta 1945, la única gran celebración del 17 de octubre del Siglo XX 
estaba centrada en la revolución rusa, comandada por Lenin, con el 
frustrado propósito de instaurar el socialismo a nivel mundial. Sin 
embargo, a medida que esa celebración parece debilitarse, los 17 de 
octubre latinoamericanos se fortalecen día a día. En ese contexto, 
recordemos que el 17 de octubre de 1945, incontenibles multitudes 
inundaron el centro de Buenos Aires exigiendo la libertad y la 
restitución en el cargo de Ministro de Trabajo del general Juan 
Domingo Perón. Al conseguirse esos objetivos, comenzó la era del 
peronismo, uno de los grandes hitos latinoamericanos en busca de 
soberanía nacional, justicia social e independencia económica. El 24 
de febrero de 1946, se realizaron elecciones presidenciales en el 
vecino país, en las que el nombre del candidato opositor era lo menos 
importante, ya que el pueblo argentino debió elegir entre Braden o 
Perón, por la abierta ingerencia del embajador norteamericano en esos 
comicios, en los que el peronismo salió triunfante.
                                    LA RECUPERACION DEL PETROLEO. El 
17 de octubre de 1969, el gobierno del general Alfredo Ovando Candia 
nacionalizaba los bienes de la Bolivian Gulf Oil Company, con lo que 
se reiniciaba un proceso antiimperialista, precedido por el "Mandato 
Revolucionario de las Fuerzas Armadas", emitido el 26 de septiembre 
de ese mismo año, cuyos puntos centrales son los siguientes:
                           Asegurar la soberanía de la nación sobre 
las fuentes de producción del país. En resguardo de este objetivo, 
recuperar las riquezas naturales enajenadas en condiciones lesivas al 
interés nacional o disponer una justa participación del Estado en la 
explotación de las mismas. Consolidar, extender y diversificar la 
industria minera, asegurar el establecimiento de fundiciones y 
refinerías para los minerales de producción nacional y procurar el 
establecimiento de la industria pesada. Planificar y ejecutar una 
política económica que tienda a la sustitución del financiamiento 
externo, incentivando la capacidad económica reproductiva nacional. 
Proteger al capital nacional y otorgar garantías a la inversión 
privada extranjera cuando esta contribuya real y efectivamente al 
desarrollo de la economía nacional y en estricta observancia de 
nuestras leyes. Proteger a la industria nacional y extender la 
política de sustitución de importaciones. Instaurar un régimen de la 
más escrupulosa moralidad administrativa y de severo ahorro de 
recursos materiales y de servicios en los sectores de la economía 
estatizada y de la administración pública. Desarrollar como un 
objetivo nacional prioritario la revolución industrial en la 
explotación de la agricultura y la ganadería. Adoptar una política 
internacional independiente basada en el irrenunciable derecho del 
Estado nacional a determinar soberana y libremente su propia política 
exterior. Sostener el sagrado derecho de la nación a la reintegración 
marítima. Defender la cultura del país exaltando los valores de la 
cultura popular y de la tradición india y mestiza, reiterándola hacia 
la formación, particularmente de la juventud, de una sana conciencia 
de independencia y orgullo nacionales y de amor a la Patria y al 
pueblo.
                                  Los puntos citados demuestran que 
la nacionalización de la Gulf no fue una medida aislada, dictada por 
un gobierno improvisado, sino un paso más, pero sin duda el más 
importante, de un proceso revolucionario, en el que se buscaba, como 
en la Argentina del 17 de octubre de 1945, justicia social, soberanía 
nacional e independencia económica. La nacionalización del petróleo 
fue la segunda que se producía en el país. La primera tuvo lugar en 
la presidencia del general David Toro, quien expulsó a la Standard 
Oil, el 13 de marzo de 1937. La segunda contó con la decisiva 
participación de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien, desde el cargo de 
Ministro de Minas y Petróleo, fue el más lúcido impulsor de esa 
trascendental medida. Si se considera que la nacionalización de las 
minas del 31 de octubre de 1952, afectó principalmente al ya 
desdentado imperio inglés y que la reforma agraria del 2 de agosto de 
1953, expropió la tierra a latifundistas nativos y no a empresas 
estadounidenses, como en Guatemala, puede colegirse que la 
nacionalización de la Gulf fue, en Bolivia, la medida que más afectó 
al imperialismo norteamericano en la segunda mitad del siglo pasado. 
Ovando ya había dado muestras de su vocación patriótica al gestionar, 
 durante su presidencia interina, que se prolongó del primero de 
enero de 1966 al 6 de agosto del mismo año, ante el gobierno de 
Alemania Federal, la instalación de una fundición estatal de estaño. 
Para ello, desplegó intensas negociaciones con la Empresa Klockner, 
las que culminaron exitosamente, ya que la fundición fue inaugurada 
por su sucesor, el general Juan José Torres Gonzales. Cabe recordar 
que el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) prometió instalar 
la fundición de estaño en todos sus documentos políticos importantes, 
desde su fundación, en 1941. Lo mismo hizo en todas las campañas 
electorales y planes de gobierno que ofreció al país, para luego 
someterse a las presiones oligárquicas que se oponían a esa 
conquista. Por esta razón, la fundición de estaño es, además, un 
monumento de denuncia a la cobardía del MNR, así como a la 
inconsecuencia con sus postulados.
                                   El tercer aspecto fundamental del 
gobierno de Ovando es la Estrategia Socio Económica del Desarrollo 
Nacional, 1970 - 1990, elaborada bajo la dirección del economista 
José Ortiz Mercado. Se trata del documento de política económica más 
audaz y coherente aprobado por cualquiera de los gobiernos a lo largo 
de nuestra historia. Busca, en lo fundamental, avanzar en el camino 
de la liberación nacional, reteniendo al máximo los excedentes 
económicos que genera el trabajo de nuestro pueblo, lo cual requiere 
una explotación racional de los recursos naturales. Para ello, dice 
la estrategia, se debe priorizar los esfuerzos internos del país, de 
manera que la ayuda externa se convierta en factor complementario de 
lo anterior. La creciente participación popular es el otro elemento 
sustancial que da coherencia y sustento ciudadano a la estrategia.
                                   Es evidente, sin embargo, que el 
gobierno de Ovando no fue homogéneo, ya que, frente a un sector 
radical, integrado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, José Ortiz Mercado 
y Alberto Bayley Gutiérrez, existía otro de tendencia conservadora, 
compuesto por Oscar Bonifaz Gutiérrez, Antonio Sánchez de Lozada y 
Eduardo Quintanilla. También contó con otras personalidades 
destacadas, como el historiador José Luis Roca y el escritor Mariano 
Baptista Gumucio. Infelizmente, los errores de una izquierda 
termocéfala, como los cometidos por los guerrilleros del denominado 
Ejército de Liberación Nacional (ELN), de tendencia "guevarista", del 
Partido Obrero Revolucionario (POR), de Guillermo Lora, y de los 
"pekineses", de Oscar Zamora Medinacelli, coadyuvaron a los planes 
imperialistas de derrocar al gobierno que expulsó a la Gulf.
                                   Si bien el golpe derechista fue 
controlado por el régimen del general Torres (sucesor de Ovando), 
éste carecía del sólido respaldo militar que tuvo su predecesor, lo 
que precipitó su caída impulsada por Hugo Banzer, el MNR de Paz 
Estenssoro y la Falange Socialista Boliviana (FSB), de Mario 
Gutiérrez, el 21 de agosto de 1971. Por todo lo anterior, el 17 de 
octubre de 1969, es el punto más alto al que llegó Bolivia en su 
angustiosa lucha liberadora. A partir del proceso Ovando-Torres, 
todos fueron retrocesos hasta nuestros días.
                                  LA EXPULSION DEL VIRREY. Por esas 
casualidades del destino, otro 17 de octubre, esta vez del 2003, 
impresionantes marchas, movilizaciones sociales, bloqueos de caminos, 
una huelga general indefinida dispuesta por la Central Obrera 
Boliviana (COB) y huelgas de hambre a nivel nacional dieron fin al 
régimen de Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), sólo comparable en la 
entrega del patrimonio nacional con el de Mariano Melgarejo en el 
Siglo XIX (1864-1870). En la desigual contienda con las fuerzas 
represivas, el movimiento popular ofrendó 84 muertos y alrededor de 
500 heridos. Si bien la consigna de industrializar el gas antes de 
venderlo unificó las protestas, estas exigieron después la renuncia 
de GSL, objetivo conseguido, principalmente, por las masas 
indomestizas de la ciudad de El Alto y de las laderas de la ciudad de 
La Paz, por las marchas de campesinos de "San Julian", en Santa Cruz, 
de Riberalta en el Beni y de los Yungas de La Paz, de distritos 
mineros que se concentraron en Patacamaya y de más de un centenar de 
piquetes de huelgas de hambre, convocadas por la ex Defensora del 
Pueblo, Ana María Romero de Campero, y que tuvieron positiva 
respuesta en parroquias e iglesias de varias ciudades de Bolivia.
                                   GSL se convirtió, por méritos 
propios, en correa de transmisión de los intereses imperialistas en 
el país, así como de las imposiciones de organismos internacionales y 
de poderosas transnacionales. Si bien nació en Cochabamba, vivió en 
EEUU desde sus primeros meses de existencia. Se instaló en Bolivia a 
los 25 años de edad, con una mentalidad desarraigada de nuestro medio 
social. En este sentido, como hizo notar José Luis Roca, carecía de 
compañeros de escuela, de colegio, de barrio, de aventuras juveniles 
o de travesuras de la niñez. Por esta razón, el país fue para él, 
como para cualquier otro inversionista extranjero, una fuente de 
riqueza, al que se debe extraer la mayor plusvalía posible, sin 
importarle la suerte de sus habitantes. Para alcanzar sus objetivos, 
utilizó los vínculos de su padre, Enrique Sánchez de Lozada, allegado 
a Nelson Rockfeller, así como la designación de su hermano Antonio 
como vicepresidente de COMIBOL, en 1962, para iniciar una carrera de 
empresario minero, que no abandonó al ocupar los cargos de diputado 
nacional, senador de la República, Ministro de Planeamiento y 
Presidente de la República. Utilizó esas funciones para controlar los 
yacimientos mineros de "Porco", "Caballo Blanco", las Colas y 
Desmontes del Cerro de Potosí, en el departamento del mismo nombre, 
"Colquiri" y "Milluni", en La Paz, mina "Bolivar" y las fundiciones 
de estaño y antimonio en Oruro, además de "Don Mario", en Santa Cruz. 
Sin preocuparle el flagrante tráfico de influencias, fue, en pleno 
ejercicio de la Presidencia, uno de los directores del Instituto de 
las Américas, entidad de la Universidad de "San Diego", California, 
que busca liquidar todas las regulaciones estatales al 
neoliberalismo. En ese directorio figuran representantes de las 
empresas que integran la Pacific LNG y de la empresa Bechtel, que 
precipitó la denominada guerra del agua, en Cochabamba, en abril del 
año 2000. También es parte del "Consejo de las Américas", entidad 
formada por David Rockefeller, del cual depende un consejo asesor de 
presidentes latinoamericanos, en su afán de mantener el control 
norteamericano en la región. GSL comparte su participación en la 
citada organización con representantes de la oligarquía chilena, como 
los Edwards y los Salegh. Consiguió que el Banco Mundial adquiera 
acciones de su empresa, la Compañía Minera del Sur (COMSUR), la que, 
a su vez, se asoció con la inglesa Río Tinto Zinc, considerada la 
empresa minera más grande del mundo, con la canadiense Orvana Metals 
y la británica Common Wealth 
Corporation. Sus vinculaciones con el City Group y el City Bank, lo 
impulsaron a depositar las acciones de la capitalización en el City 
Trust de las Bahamas, filial de los mismos. No vaciló en facilitar a 
la ENRON el estudio jurídico de la COMSUR, Gibson, Dunn & Crutcher, a 
fin de que la corrupta compañía pueda apropiarse de la parte 
boliviana del gasoducto al Brasil, construida por PETROBRAS para 
beneficio de YPFB.
                           GSL, como Ministro de Planeamiento, 
instauró en el país los pagos de sobresueldos y plus a Ministros y 
altos funcionarios del Estado y como Primer Mandatario utilizó gastos 
reservados para pagar 160.000 dólares al Presidente de COMIBOL, 
Alberto Alandia, para reconocer "favores recibidos por COMSUR" hasta 
1997, según declaración del Ministro de Gobierno Víctor Hugo Canelas. 
En consecuencia, mientras GSL se enriquecía, las empresas estatales 
eran sistemáticamente liquidadas, provocándose, al mismo tiempo, la 
quiebra jurídica, moral y económica del Estado boliviano. Por ello, 
la expulsión del Virrey de las transnacionales tiene similar 
importancia al derrocamiento de Melgarejo, quien también tuvo que 
huir como delincuente. En favor de Melgarejo podría decirse que 
cometió sus tropelías utilizando su condición de dictador, GSL 
desplegó su conducta apátrida al amparo de un proceso democrático que 
el pueblo conquistó con sacrificios y esperanzas.
                            La quiebra del débil Estado nacional ha 
provocado, además, la exacerbación de regionalismos y etnicismo y de 
una mentalidad colonizada, que amenaza con convertirnos en los 
palestinos de la América Sur. Dejar que ello ocurra sería tolerar el 
triunfo histórico del gonismo y eso es algo que los bolivianos, de 
todas las latitudes de la Patria, no podemos permitir.- XXX

Néstor Miguel Gorojovsky
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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