[L-I] El comandante

"NAC&POP" <[email protected]> Sun, 7 Mar 2004 07:14:56 -0300
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Envio de mario alberto gurioli [email protected]

Gentileza de Encuentro Nacional < [email protected]>
Entrevista al Comandante Kunkel



CARLOS KUNKEL,
 El Estratega de Kirchner
 Si logramos revertir las situaciones de inequidad
 e injusticia, seguiremos teniendo el apoyo popular



Por Luis Tonelli



Parece su retrato. Pero no, es Don Juan Manuel de Rosas quien cuelga coronando el escritorio de Carlos Kunkel, Subsecretario de la Presidencia, ex diputado de la Juventud Peronista, quien con siete compañeros decidieron renunciar antes que votar leyes represivas.



Además de Rosas, las paredes de su despacho en la Rosada parecen una muestra retrospectiva de la iconografía nacional y popular: Perón descamisado, Evita en su renunciamiento, Irigoyen de chambergo. Tampoco falta la Estrella Federal en la solapa de este hombrón de voz suave, que irradia calidez y humildad, que tiene seis hijos y que sigue viviendo en Florencio Varela.



Un enorme mapa de la Provincia de Buenos Aires cubre una mesa, para -recordarle a los bonaerenses que ellos NO son tan importantes, ironiza mientras guiña un ojo. Es que el otro K, el jefe, sabe que allí se librará la madre de todas las batallas en la tarea que le encomendó muy especialmente el Presidente: la multiplicación del kirchnerismo.



¿Que ha quedado en usted de ese militante del peronismo setentista cuando, transcurridos treinta años, es ahora subsecretario de la Presidencia?



-Salgo beneficiado cuando me dice militante setentista, ya que en realidad soy sesentista. O, por lo menos, para los servicios de inteligencia, que desde enero del '65 tenían mi propio dossier. Yo integro la generación que formó su perspectiva de la política y de la vida institucional del país durante el período de dieciocho años de proscripción del peronismo. La que creció a la luz de la imagen del desarrollo cultural y productivo que tuvo la Argentina entre la segunda mitad de la década del cuarenta y la primera de la década del cincuenta, con el gobierno peronista; pero, al mismo tiempo, construyendo lógicamente una versión política más dura.



¿Un endurecimiento que obedeció sólo a la proscripción o que tuvo un componente ideológico?



-Creo que también se debió, en parte, a que nos formamos una visión idílica sobre ciertos elementos de la etapa pasada, especialmente los que veníamos de una familia de origen trabajador, para los que el primer peronismo había representado una época de mayores posibilidades. Mis padres no pudieron terminar la escuela primaria y yo pude estudiar e ir a la universidad.



-En fin, una época que significó una posibilidad de ascenso social grande para los sectores medios y de acceso a instancias de inclusión que se había interrumpido. Un modelo que había industrializado el país, que había logrado el crecimiento, la autonomía interna. Que hasta había llegado a producir prototipos de aviones de reacción, a generar energía atómica, todo ese tipo de cosas que ahora pueden parecer de poco interés pero que nosotros las habíamos vivido con muchas expectativas.



¿Y es en la Universidad de La Plata donde conoce a Kirchner?



-Sí. Néstor Carlos Kirchner comenzó su militancia en La Plata, en los setenta, en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional, la agrupación del peronismo. Yo era secretario general de la Facultad, y después pasé a ser el secretario general de la Juventud Peronista de La Plata. Eso definió nuestra impronta política, porque es allí donde uno se capacita, estudia, debate, y así se construyó el basamento de nuestra formación. Por supuesto, entre nosotros cinco Hoy, además de Néstor y de Cristina, somos tres subsecretarios de Estado que venimos de la FULP; y eso que éramos sólo un par de docenas de militantes. Hay enormes diferencias de capacidad y representación objetiva, pero en esa militancia universitaria adquirimos nuestra formación y los valores que asumimos.



Y hoy, ¿sigue sintiéndose parte de la corriente nacional y popular?

-Nosotros nos sentimos identificados con aquellos federales que enfrentaban a Rivadavia planteando una representación más democrática para todos los argentinos. Nos sentimos identificados con Juan Manuel de Rosas, con los caudillos federales, con Leandro Alem, con Hipólito Yrigoyen, y con Juan Perón y Evita. Cuando consideramos que, en la primera mitad del siglo XIX, Rosas representó fielmente los intereses nacionales no planteamos volver hoy al saladero y a las carretas. Estamos planteando que los pueblos evolucionan y que, en cada coyuntura histórica, hay formas en las que se contempla más un desarrollo autónomo, sostenido, y una relación determinada con el mundo, y otras en las que se plantea una actitud inversa.



¿No chocaron, en los 70, con los elementos más tradicionales del peronismo?



-El General nos decía que no había que tirar un viejo por la ventana todos los días. Y, en realidad, nosotros no teníamos ninguna contradicción con los viejos dirigentes peronistas. De hecho, todos ellos respaldaban a la Juventud Peronista en forma absoluta, porque nuestro objetivo era mantener bien altas las banderas históricas del peronismo. En realidad, las contradicciones las teníamos con la dirigencia intermedia. Por otro lado, es evidente que, en el '73, la realidad política fue muy distinta de lo que nosotros habíamos presupuesto. También es cierto que, en ese momento, rondábamos los veinticinco años o poco más y teníamos una visión muy estrecha de cómo debían hacerse las cosas. Nos faltaba la experiencia para ir regulando o midiendo mejor los tiempos. Y Lanusse percibió esto y, por eso, apuró los tiempo. Lanusse es el gran vivo de esta historia.



¿Fue la crisis política dentro del peronismo la que abrió la puerta a la implantación de un nuevo modelo social y económico?



-El tema fundamental aquí es que las recetas neoliberales que se empezaron a aplicar a sangre y fuego en la Argentina, a partir del desplazamiento, después de la muerte de Perón, de José Gelbard primero, y sobre todo con el cambio del 2 de abril de 1976 con José Alfredo Martínez de Hoz, implicaron una transformación regresiva de la sociedad argentina. Los liberales que, a partir de la generación del 80, crearon un modelo de país, y de crecimiento y desarrollo, un siglo después intentaron hacer lo mismo. Se fosilizaron. Ellos sí quisieron volver al saladero. Es decir, achicar el país y establecer un modelo de país como el que había dado resultado en el primer tercio del siglo XX, cosa que tuvieron que intentar -como no podía ser de otro modo- empleando mucha violencia.

Pero la violencia empezó mucho antes...



-Si, y se acentuó en los últimos tiempos del gobierno de María Estela Martínez. Allí los ataques más violentos son contra organizaciones populares, que cometieron el error, entiendo yo, de responder a la violencia con violencia. Se decía que era la derecha peronista; pero, sin embargo, a partir del 24 de marzo del 76 de ella no se habla más, y hasta algunos de sus miembros fueron presos. No fue, en lo esencial, un conflicto interno del peronismo. Fue la reacción contra el peronismo que había comenzado Inclusive no estoy muy seguro de que los militares tuvieran plena conciencia del papel que estaban jugando. Estuve leyendo una nota a Martínez de Hoz en la cual éste decía que los militares se dieron cuenta de que el modelo de país que había estado funcionando durante treinta años -con fuerte intervención del Estado y proteccionismo industrial- no servía más. Yo creo que fue al revés. O sea, lo que todo el mundo sabe: se buscó a los militares para aplicar el modelo neoliberal económico. Krieger Vasena, Martínez de Hoz, y todos los economistas ultraliberales sí eran perfectamente conscientes. Y, a partir de allí, fueron más de veinticinco años de neoliberalismo.



¿Y cómo fue posible entonces el regreso de la democracia con tantas líneas de continuidad en el establishment económico?



-Yo creo que el gran aporte del doctor Alfonsín en ese período fue lograr mantener la continuidad institucional. Lo que no hubo, lamentablemente, en el período radical, es una inserción o representación de sectores sociales que realmente sostuvieran y respaldaran el proyecto. Había una gran esperanza de transformación cuando se abrió el proceso electoral; pero, después, la sustentación basada casi exclusivamente en los sectores medios no tiene continuidad. No estamos achacándole falta de voluntad al doctor Alfonsín. Lo que pasa es que el poder económico real nunca pudo ser verdaderamente controlado y gravitó enormemente en el proceso político.



¿Por qué no pudo ser domado popularmente el establishment?



-El gran problema que hemos tenido en la historia política argentina, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha sido que los sectores medios son los que menos conciencia han tenido de sus verdaderos intereses, pese a que su participación es fundamental. Los sectores del poder económico concentrado nunca olvidan cuáles son sus verdaderos intereses. Y los sectores más humildes intuyen o perciben con mayor claridad dónde están sus intereses. Nuestro gran drama sociocultural fue el distanciamiento entre los sectores medios, imprescindibles para sostener una política de autodeterminación y de funcionamiento, de los sectores populares. Que los sectores medios creyeran que estaban más cerca de los sectores de privilegio que de los otros, cosa que evidentemente nunca fue así y no será.



Pero, en su perspectiva, ¿el poder económico esta siempre disociado de lo popular?



-No, pero los sectores nacionales productivos fueron también cooptados. El empresariado argentino nunca tuvo una verdadera conciencia burguesa, nunca operó como un factor de poder persiguiendo un proyecto de país, y solamente lo hizo por su beneficio particular. No hemos tenido nosotros una burguesía nacional con conciencia de su misión. Hemos tenido propietarios de empresas de bienes y servicios, pero muy permeables a los cantos de sirena que los han hecho abandonar los intereses nacionales, que son los propios. Por eso mismo estamos reivindicando la presencia cultural de la clase media en la política.



Hoy, la clase media apoya a Kirchner, pero ¿no pasa lo urgente por la inclusión de los sectores más postergados?



-Por supuesto. Hay que garantizar el desarrollo y el crecimiento del país, pero fundamentalmente tenemos que lograr incluir socialmente a todos los argentinos. No hay país que pueda funcionar si no hay una firme voluntad de integrar a todos los sectores de su población y darles condiciones de vida mínimas, dignas, y en crecimiento. No es cierto que se puede tener un país que funcione, ni siquiera para los supuestos sectores beneficiados, con un sistema de distribución injusto, porque después la violencia y la disgregación social están a la vuelta de la esquina. Salvo que, como Domingo Cavallo, Menem o Corach, se vayan a vivir fuera del país.



¿Se está en proceso de reconstrucción de una economía nacional?



-El tema económico lo está manejando con muy buen criterio Roberto Lavagna quien, no es casual, es, entre los economistas argentinos, uno de los que claramente más raíces tiene en la historia del peronismo. Y que, al mismo tiempo, no es una contradicción que, en algún momento, haya formado parte del equipo económico del doctor Alfonsín. Yo lo veo como una cuestión bastante natural, porque en las concepciones teóricas, en muchos aspectos no hay grandes diferencias. Esta historia de la recuperación que estamos marcando, aunque sea muy lenta, tiene mucho que ver con eso. Hoy hay cien o ciento cincuenta mil millones de dólares de argentinos que están en el exterior. Entonces, a medida que se va percibiendo nuestra seriedad, la coherencia entre el discurso público y el accionar oficial en todos los niveles, se va dando un buen marco para que los que tengan ese dinero afuera inviertan un porcentaje de él en el país, y se sumen a este proceso de recuperación de la economía nacional.




Esta transformación económica, ¿no implica, en el plano político, un cambio también en el peronismo?



-Al afirmar algunas cuestiones esenciales de nuestra concepción, seguramente va a haber algunos dirigentes que se aferrarán al pasado, otros que se van a adaptar a los nuevos tiempos, y muchos que nos van a apoyar con convencimiento y alegría. No es una cuestión de alguna maldad implícita en quienes cedieron ante la imposición de las pautas neoliberales. Y también es natural que, inicialmente, aunque el gobierno de Kirchner reciba confianza y apoyo de la mayoría de la sociedad, ese porcentaje sea menor en la dirigencia, porque son sectores que surgieron de determinada práctica social, política, económica. Pero, aunque hay que tener en cuenta qué hicieron ellos en su momento, hay que ver también si, en otro panorama o en otra perspectiva, tienen posibilidades y voluntad de hacer las cosas de modo distinto.



¿Lo dice por la persistencia en el peronismo, e incluso en la coalición de gobierno, de elementos que fueron protagonistas del menemismo?



-Quien actuaba de determinada manera o con determinadas pautas hasta un momento determinado, a lo mejor, cuando se producen cambios y transformaciones, se adapta y acompaña a las nuevas. ¿Cuál es el límite? El límite es lo delictivo. Ya sea por el ejercicio de la violencia o por los delitos económicos cometidos en la función pública. Lo que está claro es que nosotros no planteamos resistencias o vetos a la inserción plena en la vida política y social o a la voluntad de acompañar el proceso de transformación de ningún dirigente ni de ninguna persona. Pero tampoco garantizamos inmunidad a ninguno.



La provincia de Buenos Aires y su conurbano resultan la clave para cualquier proyecto político de cambio. ¿Acompaña Duhalde a Kirchner en esa voluntad transformadora que usted manifiesta?



El doctor Duhalde ha hecho un aporte de incuestionable valor a este ciclo de la historia argentina, que fue lograr la estabilización económica mínima indispensable, sobre todo a partir de la gestión de Roberto Lavagna. Entonces, yo entiendo que Duhalde, que ha hecho aportes de tanta trascendencia, tiene ahora muchos otros aportes que hacer. De hecho, el doctor Kirchner lo ha reconocido con las funciones que le ha dado en relación con la política internacional y, específicamente, en relación con el Mercosur. Es desde ese lugar desde el que puede aportar enormemente a este proceso. Obviamente, si él pretende decir cómo tienen que votar los concejales de Lomas de Zamora, va a tener más posibilidades de encontrar resistencia que si ejerce plenamente las funciones que son más trascendentes para el proceso argentino y latinoamericano que está ejerciendo ahora.



Dejemos a Duhalde de lado; ¿no hay intendentes del conurbano que se oponen a Kirchner y que pueden usar su aparato clientelista para resistir?



-Yo creo que los intendentes fueron la representatividad posible dentro de las pautas de distribución regresiva de los recursos y de desarticulación de toda la sociedad argentina que planteó el liberalismo. Entonces, son dirigentes que expresaron la realidad que les tocaba vivir; y, evidentemente, lo hicieron cada cual con su mayor sapiencia y posibilidades. Ahora, frente a una nueva realidad, los que no se adapten van a perder representatividad. Por otra parte, se exagera la cuestión de los aparatos. Son importantes, pero no garantizan un resultado electoral. Pongamos el ejemplo de la tercera sección electoral: Avellaneda, Lomas de Zamora y Quilmes, distritos representativos de la esencia del peronismo. 



-Sin embargo, hace cuatro años, pasaron de intendentes peronistas a intendentes de la Alianza. Y ahora volvieron a ganar los peronistas. ¿Qué pasaba? La estructura del Partido Justicialista hegemonizado por Eduardo Duhalde en Lomas de Zamora ¿había desaparecido porque hace cuatro años se perdió? ¿O la de Cacho Álvarez había desaparecido, en Avellaneda? ¿O en Quilmes, donde estaban Eduardo Caamaño y Aníbal Fernández, había desaparecido de un día para el otro?



¿Cómo se construye el kirchnerismo?



Hace cuatro años, con Néstor Kirchner, nos habíamos propuesto ir creando una fuerza política que ganara representatividad y consolidación para disputar el gobierno en el 2007. Después, sucedieron las cosas que sucedieron y se acortaron todos los plazos, pero llegamos al gobierno sin tener la propia fuerza organizada. Este proceso de transformación política no lo queremos hacer porque tenemos diez mil dirigentes a quienes vamos a traer de algún otro lugar y vamos a copar la estructura partidaria. 



Queremos dar la batalla por las ideas, por las concepciones, que por otra parte no son nuevas, son actitudes y visiones que son propias de la historia del peronismo. Es para ello que nos reunimos periódicamente un grupo de dirigentes, y como largamos las reuniones en Michelángelo quedo así bautizado.



¿Y la batalla por el control del Partido Justicialista, que ni a nivel nacional ni en la provincia de Buenos Aires responde al Presidente?



-Para el peronismo y sus concepciones históricas, el partido fue, nada más y nada menos, que la expresión electoral y nunca el ámbito realmente dinámico de la expresión política. Perón era el conductor del peronismo y no tenía ningún cargo partidario. Siempre en vida de Perón la estructura partidaria fue una herramienta electoral y no el elemento determinante. Las actuales autoridades partidarias fueron elegidas hace cuatro años y las cosas han cambiado mucho. Yo, sinceramente, no creo que dentro del peronismo bonaerense, en este momento, la opinión más representativa sea la de Manuel Quindimil, que es presidente del partido. Y nosotros consideramos que lo que Perón llamaba las organizaciones libres del pueblo, y que ahora se las llama organizaciones no gubernamentales, tienen una mayor dinámica para expresar las necesidades y las aspiraciones sociales en forma mucho más fluida, en forma mucho más dinámica y mucho más participativa.
 

 ¿Ustedes apuestan a una construcción movimientista?



-Nosotros no queremos generar una estructura política-organizativa ni nada por el estilo. Lo que tratamos de profundizar es este convencimiento de la importancia de la participación activa, dinámica, de la gente, y volver a discutir los problemas que tenemos en cada uno de los lugares, para generar propuestas de solución. La participación sería la clave del objetivo que nos propusimos, hace un año más o menos, que era devolver la confianza que a través de la participación comunitaria, solidaria, se puede ir buscando en todos los terrenos, en lo cultural, en lo religioso, en lo sindical, en lo comunitario, en lo político. Este año 2004 es muy propicio para esto ya que no hay procesos electorales que dificulten la discusión de ideas, y también empezaremos a discutir cómo producimos una propuesta de participación más orgánica que se traduzca en una representación de poder político. La idea es ir configurando amplias corrientes de opinión que irán debatiendo en su propio seno de qué forma se estructura.



Cristina Fernández de Kirchner, ¿es la candidata natural para la provincia de Buenos Aires?



-No, no. Eso se determinará dentro de un año y pico. No va a ser en el 2004 cuando se va a determinar una candidatura, ni nada por el estilo. Recién en el 2005 se discutirá este tipo de cuestiones. No por eludir, sino porque no queremos mezclar. Estaríamos metiendo a estos dirigentes en una estructura política determinada cuando no se trata de eso. Todo aquel que abre las puertas, que se presta al debate, a la participación, a las discusiones cuando visitamos las ciudades; pero eso no implica que cada vez que nos reunimos con alguien, esa persona después queda con la banderita del Grupo Michelángelo. Somos una corriente de opinión, de gente que pensamos algunas cuestiones afines, que tenemos foros o ámbitos de discusión. Seguramente, en el transcurso del próximo otoño, invierno y primavera, se irá determinando qué forma de articulación o de generación tendremos, pero no va a ser alrededor de nosotros. En todo caso, será alrededor de formas de acompañar el proceso que está marcando el presidente Néstor Kirchner.
 
¿Forman las organizaciones piqueteras parte de su construcción política? Para algunos dirigentes parecen sólo representar un foco de conflicto social...



Primero y principal, hay que ver las causas del fenómeno piquetero. Que hoy haya millones de excluidos, marginados y pobres, se debe a la ejecución exitosa del plan neoliberal. Los que lo llevaron a cabo son los mismos que ahora se muestran supuestamente sorprendidos y se quejan porque no hay represión para pararlos. Por otra parte, sólo un diez por ciento de estas organizaciones depende de planes sociales, y la mayoría de los desocupados que están organizados buscan tomar parte de microemprendimientos de cooperativas de trabajo



¿Considera, entonces, que esas organizaciones pueden contribuir a la formación de una nueva política?



Hay una gran reserva en esos sectores, porque muchos de los que son dirigentes son jóvenes y vienen con toda la fuerza nueva; y hay muchos otros, también, que tienen experiencia de participación sindical y comunitaria de otros tiempos. Así que hay una gran riqueza potencial en todo eso, y yo creo que en la medida en que se puedan empezar a ver resultados, esto se va a mostrar con mucha más fuerza. Hay que tener en cuenta que nosotros no hemos logrado avances muy importantes en los primeros siete u ocho meses de gobierno en cuanto a la redistribución de la renta. La gente, en realidad, nos apoya por las expectativas, porque ve coherencia entre el discurso y lo que se está intentando hacer, no porque haya habido redistribución.



El Gobierno, ¿busca distinguir entre piqueteros buenos y piqueteros malos?

-No. Lo que puede existir es una mayor comprensión entre ellos de la propuesta integradora, de integración social, de crecimiento y de búsqueda, y la actitud de otros que no están de acuerdo con ese tipo de cuestiones. 



Yo creo que hay que diferenciar una cuestión esencial: que haya militantes políticos que participen de los movimientos sociales de esta naturaleza es una cosa natural, no puede ser descalificada de ninguna manera. Lo que pasa es que hay que ser responsables. La política se tiene que hacer desde el partido político, y no pretender adosar los contenidos ideológicos al movimiento social. Frente al problema de los desocupados, la prioridad debe ser solucionar su problema social. La gente no va a votar al Partido Obrero porque haya un dirigente del Partido Obrero que participa en el conflicto social.



Para algunos, la transversalidad esconde una intención más hegemónica que ecuménica...



Si bien se ha usado desde nuestras esferas ese término, tal vez fue sobredimensionados por parte de aquellos que tienen una visión más pejotista, más del partido como representación del conjunto del peronismo y del movimiento peronista, y no como una herramienta electoral. Pero la transversalidad es natural en el peronismo, dado nuestra concepción movimientista y frentista. Y no sé de qué se asustan, porque hubo una tremenda transversalidad neoliberal que penetró en todos los partidos políticos con mucha fuerza, llegándose a hablar de pensamiento único, el fin de la historia, el fin de las ideologías. Eran las épocas cuando, para decidir quién era candidato, se contrataba a un asesor de imagen brasileño o norteamericano.



A partir de la incorporación de Graciela Ocaña como normalizadora del PAMI, hubo quejas desde el ARI denunciando a Kirchner por querer licuar la oposición de izquierda.



Nosotros convocaremos a todo aquel que consideremos útil. Mala suerte si hay políticos que se consideran agraviados porque alguien confía en que un dirigente de su partido puede cumplir bien funciones de gobierno, en beneficio del conjunto de la Nación argentina. Es una visión muy individualista y liberal de la política. Mas aún, nosotros con el ARI y con sus dirigentes tenemos grandes coincidencias. Además, en todo el país hay instancias donde ellos participan del Gobierno; y eso es algo bastante natural. Del 22 por ciento de los votos que se obtuvieron el 27 de abril, resulta que el 28 la elección ya estaba definida, porque más del 90 por ciento de los votantes del ARI, y el 80 o 90 por ciento de los votantes de Adolfo Rodríguez Saá, optaban por votar a Kirchner independientemente de lo que dijeran sus referentes máximos, quienes, por lo menos, no se habían pronunciado todavía. Hay un marco real de coincidencias programáticas y de sentido ético que se vieron plasmadas rápidamente en una voluntad popular arrasadora.



La popularidad del Presidente es el gran motor que tiene el Gobierno, lo que le permite atraer figuras y condenar a la oposición a un rol marginal. Sin embargo, hay preocupación porque la natural erosión del tiempo afecte la gobernabilidad de la Presidencia Kirchner.



Muchos se preguntan cuánto va a durar la luna de miel, pero Kirchner ya les respondió: -Los que apuestan a que se termine la luna de miel van a tener que esperar mucho, porque la luna de miel termina cuando empiezan las deslealtades. Entonces, en la medida en que logremos coherencia, y que mostremos una clara voluntad de revertir situaciones de inequidad y de injusticia muy notorias, seguiremos recibiendo el apoyo popular. La gente está de nuestro lado porque ve a un Gobierno que renueva a las instituciones. Se está haciendo con la Corte, está muy claro que hay un respeto y un respaldo institucional a las fuerzas armadas y de seguridad, pero siempre y cuando tengan bien claro cuál es su rol dentro del Estado. 



Por supuesto, el elemento central es que se vaya produciendo una recuperación de la economía, y que esa recuperación económica se vaya viendo correlacionada con un aumento de la equidad.

-  Treinta años, flaco
 

-En 1973, el 25 de mayo, hubo un conato de represión en la explanada de Rivadavia por parte de la Infantería de Marina, de manera que se produjo un gran desorden ahí. Yo estaba asumiendo como diputado nacional, y cuando advertimos que la situación se descontrolaba pudimos llegar hasta allí. Era imposible acceder a la Casa de Gobierno. Se había producido un desorden terrible en la explanada, pero la presencia de algunos de los que éramos diputados de la Juventud Peronista contribuyó a ordenar la cuestión al ser identificados por nuestros compañeros. A partir de allí se construyeron los cordones, para que pudieran ingresar los dignatarios extranjeros. 



Exactamente treinta años después, cuando en el juramento de los ministros el doctor Kirchner me tomó el juramento, lo abracé, recordó ese episodio con tres palabras: - Treinta años, flaco. O sea, habían variado las circunstancias, pero uno de los que habían estado formando los cordones para que se pudiera ordenar el acceso, exactamente treinta años después, había jurado como Presidente. Y seguíamos juntos
   

 Luis Tonelli
 Revista Debate
 Viernes 16 de Enero de 2004
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