RE: [small-land] la laptop de $100 tendrá logo y squ eak
"Gustavo Sebastian Ibarra" <[email protected]> Sun, 27 Nov 2005 01:01:54 -0300
| Newsgroups | gmane.education.small-land |
|---|---|
| Message-ID | <[email protected]> |
Hola,perdon por lo largo de este correo.
Hace unos dias que me pregunto,
que es la brecha digital ?, existe realmente ?,
que se soluciona reduciendo la misma ?
No sera para crear mas consumidores de lo digital ?
> -----Mensaje original----- de Prof. Iris Fernández
> pero el debate es: ¿primero cubrir lo urgente
> mientras se agranda la brecha digital y terminan siendo analfabetos
> funcionales con la panza llena o mientras se cubre lo que se pueda de lo
> urgente intentar que estos "excluidos" del presente no queden afuera de la
> sociedad mundial de la información?
Sociedades de la informacion...!! ok,existe,tiene sus beneficios nadie lo
discute.
Que es mejor libros o una notebook de juguete para
negritos de paises emergentes (pobre pobres) que sale 100 caros dolares ?
Mi respuesta es mas, libros primero y con el tiempo los lectores tendran mas
de 300/400 dolares para comprar una pc de esritorio.
"Y, teniendo en cuenta que no hace falta una mente mas que normal para
aprender estas ideas,
tampoco requiere una inversion de fondos, aunque a muchos les guste dar la
excusa alegando que
"no ensenamos ciencias porque no tenemos ordenadores, equipo cientifico,
libros, etc.". Las ciencias
han cumplido unos 400 a~nos a dia de hoy, y hemos tenido ordenadores
personales desde hace algo
mas de 20 anos, asi que hahabido 380 anos en los que las matematicas y las
ciencias eran estudiadas
sin altas tecnologas. Algunos de los descubrimientos mas importantes fueron
realizados antes de
la revolucion industrial sin grandes recursos." Alan Kay.
JL Borges decia sobre los libros:
"De mi padre heredé el amor al español, y el amor al libro más allá del
idioma en que fue escrito. El solÃa decir que de los diversos instrumentos
creados por el hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás
son extensiones de nuestro cuerpo. El microscopio, el telescopio son
extensiones de la vista; el teléfono es extensión de la voz; la rueda es
extensión de nuestros pies; el arado y la espada son extensiones de los
brazos...pero el libro es otra cosa, el libro es una extensión de la memoria
y de la imaginación. Bernard Shaw, en César y Cleopatra, cuando habla de la
Biblioteca de AlejandrÃa dice que es la memoria de la humanidad. San Anselmo
decÃa que poner un libro en manos de un ignorante es tan peligroso como
poner una espada en manos de un niño. En todo Oriente existe aún el concepto
de que un libro no debe revelar las cosas, un libro debe, simplemente,
ayudarnos a descubrirlas. Como la Biblia, que no está escrita para ser
entendida, está escrita para ser interpretada. Al mismo Shaw le preguntaron
una vez si creÃa que el EspÃritu Santo habÃa escrito la Biblia. Y contestó:
Todo libro que vale la pena de ser releÃdo ha sido escrito por el EspÃritu.
Es a partir de los Vedas y la Biblia que hemos acogido la noción de libros
sagrados. En cierto modo, todo libro lo es. En las páginas iniciales del
Quijote, Cervantes dejó escrito que solÃa recoger y leer cualquier pedazo de
papel impreso que encontraba en la calle. Cualquier papel que encierra una
palabra es el mensaje que un espÃritu humano manda a otro espÃritu. VÃctor
Hugo escribió que toda biblioteca es un acto de fe; Emerson, que es un
gabinete donde se guardan los mejores pensamientos de los mejores. Hay
quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden
imaginar un mundo sin agua; en lo que a mà se refiere, soy incapaz de
imaginar un mundo sin libros. No sé si hay otra vida; si hay otra, espero
que me esperen en su recinto los libros que he leÃdo bajo la luna con las
mismas cubiertas y las mismas ilustraciones, quizás con las mismas erratas,
y los que me depara aún el futuro. Lo más cauto es decir, entonces, que un
libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. Sabemos que
Alejandro de Macedonia tenÃa bajo su almohada la espada y un ejemplar de La
IlÃada; yo tengo ese mismo culto del libro, por eso sigo jugando a no ser
ciego y sigo comprando libros, sigo llenando mi casa de libros. Hace dÃas me
regalaron una edición de la Enciclopedia de Brockhaus. Yo sentà la presencia
de esos libros en mi casa, los sentà como una suerte de felicidad. Ahà están
los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los
mapas y grabados que no puedo ver, y, sin embargo, siento que están ahÃ, es
como si me rodeara una gravitación amistosa. Pienso, como Montaigne y
Emerson, que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos
los hombres. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un
periódico o una grabación discográfica; la diferencia es que un periódico se
lee para el olvido, un disco asimismo se escucha para el olvido, es algo
mecánico y por lo tanto, frÃvolo. Un libro se lee para la memoria pues ya
está cargado de pasado. Tomar un libro y abrirlo da la posibilidad del hecho
estético. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro?. ¿Qué son esos
sÃmbolos muertos?. Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos?.
Es sólo un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo abrimos, ocurre algo
raro, creo que cambia cada vez. Heráclito dijo que nadie baja dos veces al
mismo rÃo; nadie baja dos veces al mismo rÃo porque las aguas cambian, pero
nosotros no somos menos fluÃdos que el rÃo. Por eso cada vez que leemos un
libro, el libro ha cambiado porque nosotros ya no somos los mismos. Cada
lector, por lo tanto, enriquece un libro. Si leemos un libro antiguo es como
si recorriéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el momento que fue
escrito y nosotros. En la Biblioteca Nacional, la idea de un ciego rodeado
totalmente de libros se me antojaba maravillosa, aunque fuera yo el ciego;
porque a pesar de mi imposibilidad de leerlos, sentÃa una profunda felicidad
por su cercanÃa y su contacto. Felicidad altamente cargada de nostalgia y de
carencias; asà fue el sentimiento que me dejó la muerte de mi padre; él fue
el gran culpable de mi interés por los libros; tenÃa por hábito gran
culpable de mi interés por los libros; tenÃa por hábito regalarme libros,
que me acompañaron, entonces, desde mi infancia. También de mi padre recibÃ
un sabio consejo que me estimuló a escribir mucho, a romper mucho y a no
apresurarme en publicar, por eso, mi primer libro publicado en verdad fue mi
tercer libro escrito. La presencia de mi padre me hizo intuir, antes de la
más remota lÃnea escrita, que mi sino era ser un escritor".
La nochebuena del año de la muerte de su padre, Borges sufre un terrible
accidente que le producirá una septicemia, hecho que utilizará parcialmente
en uno de sus más famosos cuentos, El Sur, e "iniciará esta mala costumbre
del sanatorio y de los cirujanos". A partir de 1940 dependerá cada vez más
de la ayuda de su madre, porque se va quedando, como su padre y su abuelo,
gradualmente, ciego. Aprende penosamente a ensayar cada verso en su memoria;
cuando tenÃa el texto entero, se lo dictaba y ella se lo leÃa y releÃa, con
puntuación, hasta que quedaba satisfecho. Con ayuda de su madre, Borges
aprendió el agotador ejercicio de dictar no solo poemas y textos breves,
sino cuentos y ensayos. En esos meses temió que su inteligencia quedara
afectada para siempre por el impacto quirúrgico, y crea sin cesar. Escribe
Pierre Menard, autor del Quijote, en que al final llega a su conclusión de
que leer es más importante que escribir, porque toda relectura reescribe el
texto, noción que luego se ha de convertir en una de las acepciones básicas
de la nueva crÃtica. Por sus fantasÃas bibliográficas, Pierre Menard...se
vincula a un relato anterior: El acercamiento a Almotásim, del autor Mir
Bahadur Ali. Repite la broma y publica en Sur su Examen de la obra de
Herbert Quain, que pretende ser una necronologÃa de cierto famoso escritor
inglés, y que inicia citando una frase del obituario del Times de Londres.
No necesito aclarar que Herbert Quain como Pierre Menard y como Mir Bahadur
Ali nunca existieron, no tienen al menos más existencia que en esos cuentos
de Borges, quien, en ese tiempo, publica con Bioy Casares y Silvina Ocampo
una AntologÃa de la literatura fantástica, que revive el interés por un
género casi olvidado. Para Sur traduce Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux,
y, para la editorial Sudamericana, Las palmeras salvajes, de William
Faulkner. Traduce a André Gide y Franz Kafka, a James Joyce y Thomas
Carlyle. En unos pocos meses ha comprobado que su inteligencia está intacta.
Y escribe sin cesar. Publica El jardÃn de los senderos que se bifurcan (Ed.
Sur, 1941), Poemas 1922-1943 (Ed. Losada, 1943), Ficciones (Ed. Sur, 1944).
En 1945 se enfrenta al gobierno de su paÃs y expone públicamente su
descontento con el régimen del general Juan Domingo Perón, a la sazón
gobernante de Argentina. El general dirime la cuestión y lo traslada de su
trabajo oficial como bibliotecario a inspector de aves y conejos en los
mercados municipales. Se ve obligado a renunciar y asume la dirección de la
revista Anales de Buenos Aires, desde la cual apoya generosamente a los
nuevos escritores, entre los que destacará Julio Cortázar, de quien edita su
primer cuento. En 1949 entrega a Editorial Losada uno de sus libros
fundamentales: El Aleph. Un año después es elegido presidente de la Sociedad
Argentina de Escritores, cargo en el que se mantiene hasta 1953. Publica La
muerte y la brújula ( Ed. Emecé, 1951), Otras Inquisiciones, 1937-1952 (Ed.
Sur, 1952). Durante estos años, poco a poco, va desarrollando su labor como
conferencista público; mientras en Argentina se iniciaba un creciente
descontento público que determina en 1955 la caÃda del gobierno de Perón. Lo
nombran a Borges director de la Biblioteca Nacional cuando la ceguera
comenzaba definitivamente a sumirlo en tinieblas: "La noche ha estado
cayendo sobre mà durante muchos años. El proceso de mi pérdida de vista ha
sido gradual, la naturaleza, el mundo, las cosas en general se han ido
difuminando lentamente. Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo fue mi Demócrito. Esta penumbra es lenta y no me duele, fluye por
un manso declive y se parece a la eternidad. Mis amigos no tienen cara, las
mujeres son lo que fueron y no hay letras en las páginas de los libros. Me
rodean 700.000 libros que no puedo ver. ¡MagnÃfica ironÃa de Dios, darme los
libros y la noche!". JL Borges.
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